miércoles, 7 de diciembre de 2011

MARÍA MODELO DE CREYENTES




MARÍA MODELO DE CREYENTES

Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda



¿Qué lugar ocupa María en la historia de la Salvación?  Por supuesto, un lugar central, ya que está siempre al lado de Cristo, nuestro centro. Y ocupa este lugar particular también en la Iglesia. La Biblia no nos habla mucho de María y, sin embargo, vista a la luz de la Sagrada Escritura su imagen resalta de manera especial.

Cuando contemplamos la imagen de la Virgen a la luz de los rasgos sentimentales de una religiosidad barroca, la figura de la Madre sale empobrecida. En la personalidad de María existen rasgos fundamentales y sobresalientes, como la fe y el amor. Es la fe íntegra la que introduce a María en el plan salvífico de Dios, mucho más allá de cualquier proyecto humano. Ella escucha creyente la Palabra de Dios. Su fe profunda se explica al comprender que María pertenece al pequeño resto de “los pobres de Yahvé”. Ellos, y María en primer lugar, se caracterizan por la humildad y la pobreza radical, por la confianza absoluta en Yahvé, por la esperanza a toda prueba del cumplimiento de la promesa; están siempre en total disponibilidad para aceptar el plan salvador de Dios.

María es la Mujer de la Fe. Sin fe no hubiera pasado a la historia. Por su fe es llamada “dichosa” en el Evangelio. “Dichosa  tú porque has creído”. María por tu fe, “todas las generaciones te llamarán bienaventurada”. La fe no vale sólo para salvarse; vale también para formar la personalidad; vale para vivir mejor la fraternidad; vale para ser feliz. María por su fe, aceptó la Palabra que el Señor le dirigía. Por esta misma fe asumió la función que el Señor le encomendó en el plan de salvación: ser la Madre de Dios. Aunque no entiende todo, María pronuncia el “Así sea”.

Y es que se cree fundamentalmente con el corazón, mucho más que por la lógica de las razones. María se convierte en  modelo de creyentes. El valor y la grandeza de María no le vienen de ninguna cualidad humana. María es grande porque está cerca de Dios. Ella ha dejado que Dios sea el Señor. Ha respetado su presencia. Ha recogido hasta el fondo su palabra. María no está sola. María es una mujer de conquista. Es una mujer “con Dios”, de ahí su grandeza. Vive muy cerca el misterio transformante. Ha recibido el don de Dios. Ha creído. Se apoya en esa fe. Por esa fe su vida será distinta. Su vida será una expresión de la obra de Dios. Su vida será un servicio que consiste en dejar que Cristo venga y sea llevado hacia los hombres. La fe la convierte en Madre. En Madre de Dios.




María acepta su papel en el plan salvador de Dios. Se incorpora plenamente a ese plan. Sabe que hay que pagar un precio muy alto. El precio de la Redención: el anonadamiento, el dolor y la muerte. María asume la función de Madre de Dios. Asume, también, todas las condiciones de ser madre. Se entrega desinteresadamente. No exige ni espera nada a cambio.

María es la Madre del Amor. Su amor es sacrificado y doloroso. Acompaña a su Hijo hasta la Cruz. Nos lo ofrece como oblación y cono víctima para nuestra salvación. Nos lo ofrece como Redentor. Nos lo entrega para que Él, Cordero de Dios, lave nuestros pecados. María, Madre de Dios, es modelo de amor cristiano para todos los creyentes. La redención no puede hacerse sin muerte, sin donación, sin entrega, sin víctima. La caridad (amor) consiste en dar la vida por los hermanos. Y así lo hizo María, como Jesús.

María cumplió su misión. La Madre de Dios y Madre nuestra es modelo de fe y de amor para nosotros. Su acción protectora sigue creciendo con la Revelación de su Hijo hasta consagrarlo, consagrándose para la Iglesia, en la Cruz.

 El ser hijos de Dios es, pues, un don para utilizar a favor de los hombres, según el plan universal de Dios. María, nos impulsa y nos ayuda a llegar a la meta.

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