viernes, 18 de marzo de 2022

 




REFLEJOS DE SAN JOSE EN LA ACTUAL SOCIEDAD


Realmente es sorprendente la ausencia de datos en el Nuevo Testamento de personajes tan importantes en la religiosidad cristiana como la Virgen y San José y mucho más en el caso de éste último. Podemos decir que, excepto en las genealogías (Mt 1,16; Lc 3,23) y en las referencias generales “¿No es éste el hijo del carpintero...?” (Mt 13,55), “...el hijo de José? (Lc 4,22; Jn 6,42), sólo en el evangelio de Mateo, escrito para judíos, se habla un poco de él, y sólo al principio, en la narración de la infancia. Es un género literario muy concreto, que podríamos caracterizar como “catequesis simbólico-teológica”. Por lo tanto, entre la devota imaginación sin límites de la piedad popular y el escepticismo estricto del rigorismo historicista, podemos vislumbrar las sugerentes pinceladas que nos inspira la lectura creyente de esos pocos versículos “mateanos”, en los que aparece “actuando” el bueno de José (Mt 1,18-25; 2,13-15.19-23). Por otra parte, están los poquísimos versículos “lucanos” en los que simplemente se le menciona al lado de María (Lc 2,4.16.48).

Creo que en esos pocos datos podemos admirar a un hombre bueno y justo, “un santo de la puerta de al lado”, como dice el Papa en Gaudete et exsultate, con actitudes muy necesarias en el momento actual.

La primera actitud, que nos presenta Mateo, no puede estar más de actualidad como ejemplo a seguir, en esta sociedad actual, en la que a pesar de estar en pleno siglo XXI, inexplicablemente sigue habiendo prejuicios, actitudes y violencias machistas. En un mundo tan machista, como el de la Palestina del s. I, José descubre que, antes de haber convivido juntos, su prometida está embarazada. Podemos imaginar su sorpresa, disgusto, desilusión..., sin embargo, la actitud es de profundo respeto. Piensa alejarse de ella sin juzgarla, ni mucho menos difamarla. El mensaje en sueños que le tranquiliza y le anima a acogerla en su casa, podríamos interpretarlo como un auténtico discernimiento, en el que se puede escuchar la voz de Dios, la voz del amor, en vez de nuestros impulsos primarios, prejuicios e ideologías.

Después viene esa otra experiencia, también tristemente presente en nuestro siglo XXI, la necesidad de salir de la propia tierra para salvar la vida o buscar una vida digna. José, con su mujer y su hijo, tiene que emigrar a Egipto y otra vez son los mensajes en sueños los que le avisan de la necesidad de huir, como también le avisarán de la posibilidad de volver, e incluso de ir a Galilea, como lugar más seguro que Judea. Más allá de estos sobrios y escuetos versículos, podemos adivinar los múltiples sufrimientos, preocupaciones e incertidumbres, que supone una aventura así, como los podemos ver en tantas personas que los están sufriendo hoy. Y también en esta ocasión podemos ver en esos mensajes en sueños, muchos quebraderos de cabezas, noches de insomnio, pensamientos y reflexiones, hasta llegar a la decisión de emigrar y a la decisión de volver.

En los poquísimos versículos lucanos José sólo es mencionado al lado de su esposa, pero de ese modo es testigo vivencial de experiencias profundas con contrastes sorprendentes: el nacimiento en la miseria y marginación de un niño indefenso, que es presentado por los ángeles como un Salvador, Mesías y Señor. Está claro que es muy diferente lo que ven los ojos de José, de lo que dicen los ángeles.

 José le tocó vivir una experiencia única e irrepetible en la historia de la humanidad, llena de la poesía que reflejaron los sueños de los profetas de Israel y las esperanzas vividas siglo tras siglo por el pueblo. Pero José vivió esa espectacular poesía en la vulgar prosa cotidiana de la vida de la gente pobre y sencilla, con sus temores y esperanzas, penas y alegrías, que no llamó la atención de ningún historiador de entonces, como no llamaría la de ningún periodista de ahora.

Podemos imaginar, con toda la fantasía poética y piadosa que queramos, la vida de la “Sagrada Familia” en Nazaret, pero sólo nos podremos acercar a su realidad auténtica con las actitudes “josefinas” que Mateo y Lucas nos sugieren, tan necesarias en nuestro mundo de hoy: aceptar y respetar la realidad del otro; vivir la prosaica, y a veces difícil, realidad cotidiana con la poesía y la esperanza que da ver y vivir con el corazón; confiar en poder escuchar la voz de Dios, que está presente en nosotros y en nuestras vidas, aunque a veces no entendamos por qué pasan las cosas, es decir, vivir la poesía en la prosa.

 

 


martes, 1 de marzo de 2022

 




¿Qué significa "entrar en la Cuaresma"?

La «cruz», por más pesada que sea, no es una desgracia que hay que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús.

Por: SS Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Este miércoles, con el ayuno y el rito de las cenizas, entramos en la Cuaresma.

Pero, ¿qué significa "entrar en la Cuaresma"?

1. Significa comenzar un tiempo de particular compromiso en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y a nuestro alrededor.

2. Quiere decir mirar al mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás.

3. Significa no descargar el problema del mal sobre los demás, sobre la sociedad, o sobre Dios, sino que hay que reconocer las propias responsabilidades y asumirlas conscientemente. En este sentido, resuena entre los cristianos con particular urgencia la invitación de Jesús a cargar cada uno con su propia «cruz» y a seguirle con humildad y confianza (Cf. Mateo 16, 24).

La «cruz», por más pesada que sea, no es sinónimo de desventura, de una desgracia que hay que evitar lo más posible, sino una oportunidad para seguir a Jesús y de este modo alcanzar la fuerza en la lucha contra el pecado y el mal.

4. Entrar en la Cuaresma significa, por tanto, renovar la decisión personal y comunitaria de afrontar el mal junto a Cristo. La Cruz es el único camino que lleva a la victoria del amor sobre el odio, de la generosidad sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia.

Desde esta perspectiva, la Cuaresma es verdaderamente una ocasión de intenso compromiso ascético y espiritual fundamentado sobre la gracia de Cristo.

Palabras que pronunció SS Benedicto XVI después de rezar la oración mariana del Ángelus, el domingo, 10 febrero 2008.