miércoles, 14 de julio de 2010

El tiempo de la Iglesia es el tiempo del Espíritu Santo



EL TIEMPO DE LA IGLESIA ES EL TIEMPO DE ESPIRITU SANTO


La Iglesia es querida por Jesús, fundada por él. La Iglesia es amada por Jesús. Y la ama tanto que dio y da su vida por ella. Le dio su vida en sacrificio cruento y reparador. Le da su vida en sacrificio místico, eucarístico. Jesús ama a su Iglesia hasta el extremo. Por amor a la Iglesia Jesús le promete, y le da el Espíritu Santo. Promesa cumplida en Pentecostés de una manera plena y definitiva. Desde entonces la Iglesia ha experimentado la presencia del Espíritu de Dios en los momentos ordinarios, y también en los tiempos difíciles de su existencia en la humanidad. De forma viva y contundente podemos afirmar que todo lo Santo que la Iglesia ha realizado a lo largo de toda la historia es obra del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo dio fuerza a los apóstoles para que comenzaran, sin desmayo, la predicación del Evangelio de Jesús. El Espíritu Santo dio valor a los mártires para que entregaran su vida en testimonio del amor a Jesús. El Espíritu Santo iluminó a los padres de la Iglesia para que expusieran con claridad, exactitud, la doctrina de la Iglesia.

No todos los peligros que debe vencer la Iglesia le vienen de fuera. Los peores, se originan dentro. Los herejes, un día, estuvieron en comunión plena con la comunidad. Se oscureció su mente, se secó su corazón, comenzaron a alejarse de la Iglesia. No pensaban como ella. No predicaban lo que ella predicaba. Atentaron contra la unidad. Se separaron. La Iglesia con dolor los vio marchar, alejarse. Pero hubo, frente a ellos, hombres que con su ciencia y santidad defendieron la sana doctrina. Son los doctores de la Iglesia. Llenos de Dios nos dieron la garantía de la verdad. Como luces brillantes se levantaron para combatir la oscuridad del error. Su palabra fue magisterio sagrado. No en vano se dejaron guiar por el Espíritu Santo. La fuerza doctrinal es el fruto del Espíritu Santo.

La Iglesia que peregrina ya veintiún siglos, es también un fruto del Espíritu Santo. Todo en ella es obra del Espíritu de Dios. Ella es Pueblo de Dios… Pueblo Santo, Pueblo sacerdotal, consagrado. Ella actúa empujada por el Espíritu Santo. Toda su acción pastoral la realiza en la atmosfera, en el clima del Espíritu Santo. El Tiempo de la Iglesia es el tiempo del Espíritu Santo. Su fuerza, su dinamismo, su poder, le viene del Espíritu Santo. Y de él le viene a ella la plenitud de la verdad.

Cuando enseña, cuando gobierna y cuando santifica, lo hace todo bajo la guía, la dirección y el impulso del Espíritu Santo. Si la Iglesia es fiel, obediente lo es por el Espíritu Santo. Si la Iglesia en su acción misionera, habla con el lenguaje de la verdad, es por la intervención del Espíritu Santo. Si la Iglesia, en su acción apostólica, usa el lenguaje del amor, es porque el Espíritu Santo la asiste siempre. Si la Iglesia le da al hombre al hombre un mensaje válido de esperanza es porque el Espíritu Santo la acompaña.

Hoy, ante las dificultades y los ataques que está viviendo la Iglesia, que están viviendo incluso de su propio seno, ante los antitestimonios de sus miembros y el dolor de las víctimas, el Espíritu de Dios sigue ejerciendo su tarea. Sigue siendo fortaleza para los fieles, cuestionamiento para los infieles, sobriedad para los arrepentidos y consuelo para los sufridos. Sigue siendo amor, el Dios del Amor. El Espíritu Santo no nos abandona.


Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda

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