sábado, 4 de diciembre de 2021

 

 


II DE ADVIENTO

QUITAR TODO OBSTÁCULO QUE IMPIDA LA SANTIDAD

 


El eco de la predicación del Bautista llega hasta nosotros en este segundo Domingo de Adviento.  El Precursor, que recibió de Dios la misión de preparar al pueblo elegido para la venida del Salvador prometido, nos renueva también hoy el llamado a la conversión, a disponer los corazones para salir al encuentro del Señor que viene.

Para acoger al Señor es necesario enderezar las sendas torcidas y allanar los caminos.  La buena obra de nuestra reconciliación, iniciada por Dios en cada uno de nosotros, no debe detenerse ni descuidarse ningún día.  Debe avanzar y progresar hasta que alcancemos la plena madurez de Cristo, de tal modo que cada cual pueda repetir con el Apóstol: «vivo yo, más no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20).

La necesaria preparación consiste en “abajar los montes y colinas”, es decir, quitar todo obstáculo del camino que conduce a la santidad, despojarnos de todo lo que retarda o impide la llegada del Señor a nuestros corazones.  Por otro lado, consiste asimismo en “rellenar los valles y abismos”, es decir, en revestirnos de las virtudes que apresuran la llegada del Señor a nuestra casa.

¿De qué debemos despojarnos y de qué debemos revestirnos?  Debo despojarme de la impaciencia con que suelo tratar a algunas personas y revestirme de paciencia y de un trato más afable; debo despojarme del egoísmo y apego a los bienes materiales para revestirme de actitudes de generosidad y desprendimiento; debo despojarme de la búsqueda desordenada de mi propia satisfacción sensual para revestirme de actitudes que custodien la pureza y castidad; debo despojarme de la insensibilidad frente a las necesidades del prójimo y revestirme de la solidaridad concreta; debo despojarme de los chismes, de la difamación, de palabras desedificantes o groseras para revestirme de un silencio reverente y de palabras que busquen siempre la edificación del prójimo; debo despojarme de resentimientos y rencores para revestirme de sentimientos de perdón y misericordia con quien me ha ofendido.

Si de verdad quieres que el Señor venga a ti y permanezca en tu casa, limpia tu corazón de todo aquello que es obstáculo para que Él venga y permanezca en ti, revístete de Cristo mismo cada día, de su justicia, de su caridad, de su paciencia, de todas las virtudes que ves brillar en Él.

 


sábado, 27 de noviembre de 2021

 

I DE ADVIENTO: (LC.21,25-28)

SABER REGAR LA ESPERANZA




Signos de desesperanzas en el mundo de hoy:

  + Estamos padeciendo una grave pandemia que no terminamos de controlar, que ha alterado muchas de nuestras costumbres, que se ha llevado a mucha gente por delante, que ha agrandado la brecha entre ricos y pobres (en poblaciones y entre países), la escasez de medicamentos, otras situaciones graves que se han descuidado «a cambio» como el hambre en el mundo y otras muchas enfermedades...

      + La violencia y injusticia siguen siendo banderas en naciones, pueblo y familias…

           + Y el miedo, la angustia, la depresión, el estrés, los problemas de salud mental, los radicalismos políticos y los populismos, las xenofobias, etc están a la orden del día...

           No hace falta seguir. Pero así es como nos encuentra este Adviento, que nos entra de la mano de San Lucas. Y son importantes y necesarias las palabras de Jesús: «Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

 Los discípulos de Jesús no somos catastrofistas. Menos aún «negacionistas» de estas realidades. Ni indiferentes ni conformistas ante ellas. En este tiempo nuevo de Adviento el Señor Jesús nos invita a recuperar la esperanza, a desempolvar la esperanza, a ofrecer al mundo motivos para la esperanza, que tiene como punto de partida el ser muy conscientes de la realidad y estar atentos a ella. Y mirarlo todo con la confianza y la valentía y la fortaleza que nos vienen de la fe. ¿Cómo? Aprovecho algunas ideas de James Keller, fundador de los Cristóforos....

               § La esperanza empieza por encontrar el bien que hay en los demás (tantas personas buenas), en lugar de hurgar y revolver en lo negativo. Así nos lo indica san Pablo (Rm 8, 28): «Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman».

               § Como nos dicen los profetas: «hay brotes» en el viejo tronco. Hay novedades, la vida siempre lucha por salir adelante. Atentos, pues, a esos brotes en nuestra vida, en nosotros, en la Iglesia y en nuestro mundo. Es una buena actividad para el Adviento: ir tomando nota de esos «brotes» y orar con ellos.

               § La esperanza abre puertas allí donde la desesperación las cierra. Invita a levantar la cabeza y mirar más arriba, más lejos, más adentro. Y mejor si miramos con otros. La esperanza nos descubre lo que puede hacerse, porque siempre se puede hacer algo, en lugar de lamentarse o protestar por lo que no depende de nosotros. Quejarse, buscar culpables, echar balones fuera, sentirse derrotados... no está en el diccionario de la esperanza.

               § La esperanza recibe su potencia de la profunda confianza en el Dios de la Pascua y en la fundamental bondad humana que Dios sembró en cada uno. La esperanza enciende una vela en la oscuridad. La Luz de Dios irrumpió en medio de la noche de Navidad, y convirtió la noche del Viernes Santo en mañana luminosa.

               § La esperanza considera los grandes y pequeños problemas de la vida como oportunidades, como retos, como invitaciones al cambio. La esperanza se propone a veces grandes ideales y metas, pero también pequeños cambios y objetivos. Qué pequeña era la niña María, qué poca cosa era José. Y qué minúsculo el Niño. Pero lo cambiaron tanto todo...

               § La esperanza no se rinde por las repetidas dificultades y derrotas, empuja hacia delante cuando la tentación sería abandonar y pasar de todo. Y se alegra con las pequeñas victorias, sabiendo que aún queda camino por delante. La esperanza sabe que a veces toca perder pero se fundamenta en la certeza divina de la victoria final. Todo está en las manos de Dios. El mundo, la Iglesia y también yo.

             Y como todo está en sus manos, se trata de renovar, refrescar, buscar, abrazar, poner como centro, como referencia, como cimiento de nuestra vida al Señor. Porque la esperanza sabe que, pase lo que pase, el Señor va con nosotros (Emmanuel). No hace que desaparezcan las dificultades, pero sí que ayuda a que no nos derroten ni destruyan. Jesús fue capaz de atravesar el camino de la cruz, del fracaso, del rechazo, de la oscuridad... de la mano de la esperanza. Porque su esperanza se llamaba «Abba, Padre Dios».

Algunas pistas más concretas:

               §  Podemos comenzar por cuidar nuestra relación personal con Dios. El Adviento es una llamada a tomarnos en serio, a cuidar, a renovar, a fortalecer nuestra oración personal, porque es el Señor la fuente de nuestra esperanza. Una oración que nos ayude a encontrarle ya presente, porque vino y se quedó para siempre, «hasta el fin del mundo». Guardarnos tiempos para estar con él. Solos, y en comunidad creyente. Qué acertados los apóstoles que, cuando les faltó el Señor y todo eran miedos y dudas... permanecieron juntos en oración. La oración y la liturgia bien vividas nos acercan al otro, nos hacen más hermanos... Nos lo ha recordado San Pablo: «Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos».

               § Además tengamos en cuenta la advertencia del Evangelio: Tened cuidado, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida. Tened cuidado de todo lo que nos «embote», anestesie, distraiga o evada de la realidad cotidiana: pueden ser las compras sin medida ni discernimiento, pueden ser las nuevas tecnologías, las redes sociales, pueden ser las evasiones de todo tipo (evadirse significa huir): cada cual ponga nombre a las suyas. Y por lo tanto, al revés: prestar atención a las personas. Dice el Papa Francisco: «Demasiadas personas cruzan nuestras existencias mientras están desesperadas (y enumera unos cuantos grupos de éstas). Son rostros e historias que nos interpelan: no podemos permanecer indiferentes, están crucificados y esperan la resurrección. Que la fantasía del Espíritu nos ayude a no dejar nada por hacer para que sus legítimas esperanzas se hagan realidad».

               § Y en este tiempo sinodal, la esperanza que está siempre en movimiento, pasa también por las comunidades cristianas, hijas de la resurrección, que salen, anuncian, comparten, soportan y luchan por construir el Reino de Dios. Necesitamos mirar con esperanza a nuestra Iglesia, a nuestras parroquias y comunidades cristianas: necesitamos una conversión profunda que nos haga más misioneros, más en comunión, más implicados, más participativos, más valientes, más corresponsables, más renovadores e innovadores. ¿Qué aporto yo y qué aportamos como comunidad a la necesaria transformación que nos piden los signos de los tiempos?

«Discernir» o valorar es palabra importante. Estar atentos es palabra importante. Buscar la serenidad entre tantas inquietudes es palabra importante.

Conclusión:

 Desempolvar y regar la ESPERANZA. Cuidar, mejorar, tomarnos más en serio la ORACIÓN personal y comunitaria y las relaciones personales y eclesiales (AMOR MUTUO). Y TENER CUIDADO con lo que pueda embotarnos, asustarnos, evadirnos. 


domingo, 14 de noviembre de 2021

 





Pbro. Angel Yván Rodríguez Pineda

Coherentes con nuestra fe


 No es fácil ser coherente con uno mismo, y edulcoramos con argumentos de todo tipo esas alertas que nos indican que no estamos obrando bien.

En el texto de Macabeos se identifican dos enemigos a esta fidelidad a la Ley que Dios le había dado al pueblo de Israel: unos israelitas apóstatas que convencieron a muchos de la conveniencia de adoptar costumbres y usos paganos; y el rey, que decretó la imposición de las mismas y la persecución a quienes permanecían fieles a la Ley de Dios. 

¿Somos coherentes con el Evangelio que profesamos? El amor, la justicia, el perdón, la fraternidad, la compasión, la piedad incluso, se pueden quedar en términos huecos, si no los hacemos realidad con acciones concretas en el día a día..

Re-conocer a Jesús (Lc.18,35-43)

El texto en los que describe la escena, hay un primer plano amplio, es el camino de entrada a la ciudad de Jericó. Por allí pasa Jesús, quienes van con él y la gente que se va acercando. Y, en una orilla de ese camino, está un hombre ciego que será el que identifique que aquel “Jesús Nazareno” que les dicen que pasa es “Jesús, hijo de David”. Sabe que es el mesías esperado y le grita implorando su compasión.  Jesús se sabe reconocido y se para.

Y viene un segundo plano, corto, cercano, de tú a tú, con Jesús y el hombre. “¿Qué quieres que haga por ti?”. “Señor, que vea otra vez”. “Recobra la vista, tu fe te ha curado”. Es precioso e impresionante a la vez. El ciego le reconoce como el Señor, ve quién es Jesús. Y Jesús se acerca a él con un respeto inmenso y esa pregunta que parece hacernos a todos: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Nos puede llevar toda la vida descubrir la respuesta, pero es la invitación del evangelio que hoy nos hace. ¿Qué es para mí hoy “ver otra vez”? Estamos de vuelta de tantas cosas, deseos, ilusiones, ideales frustrados… ¿Estoy dispuesto a “ver otra vez”, a volver a ilusionarme, comprometerme, entregarme…con esa ingenuidad en la mirada y limpieza de corazón, con generosidad?

Termina el relato con un plano amplio, “Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios”. Con nuestra vida testimoniamos aquello en lo que creemos. El encuentro con Jesús nos transforma y los demás son testigos de ello. No es algo privado y personal, repercute, tiene efectos. Todo contagia y tiene una repercusión, también la fe. Descubrir a Jesús y confesarle, dejar que me transforme y seguirle, provoca, más allá de la extrañeza, la alabanza y el reconocimiento de los otros hacia Dios.

Hoy celebramos la fiesta de San Alberto Magno, un gran visionario en la Iglesia y para el mundo. Es un hombre sabio, buscador de la verdad en la teología y las ciencias, y un hombre íntegro en la fe y la vida.  Un hombre que convirtió su vida en una búsqueda constante de ese conocimiento profundo de Dios.

AYROP/151121

 

domingo, 29 de diciembre de 2019




CONTEMPLAR LA TERNURA DE DIOS.

Pbro. Ángel Yván  Rodíguez Pineda


Apreciados Fieles de la comunidad:
            La vigilia de hoy nos prepara para vivir intensamente el misterio que esta noche la liturgia de la Iglesia católica nos invita a contemplar con ojos de fe.  Fijemos muestra mira en el misterio del pesebre y reavivemos aquel glorioso momento en el que nació nuestro Salvador. Y al contemplarlo ¿Que observamos?...
            “El pesebre está rodeado de silencio. El rostro de la Virgen Madre es completamente expresivo que dispensa palabras para trasmitir que acaba de dar a luz a quien cambiara la historia. El padre no dice nada, asombrado está pues de la decisión de Dios de haberlo elegido para cuidar al Rey de Reyes. Los pastores están todavía tratando de entender por qué el Ángel había hecho un anuncio importante a la nada de ellos. Y fijemos la mira al centro de todo..Encontramos a un niño, a un ser dependiente, inocente que encarna nada más y nada menos al Salvador a la humanidad”
            Algunos aspectos nos podrían ayudar a dar vida a lo contemplado y así acercarnos más a la bondad de Dios hecho carne,  les quisiera compartir solo algunos que nos ayuden espiritual y humanamente a que esta noche no sea una noche más, si no una autentica Noche Buena de Navidad:
1.      Podemos imaginar con cuánta preparación interior, con cuanto amor esperó María aquella hora: Hoy con certeza reafirmamos la grandeza humana y espiritual de María, la elegida de Dios, el primer sagrario donde se posó la grandeza de Dios y se hizo carne. Grande fue el corazón para esperar contra toda esperanza. Mujer libre de prejuicios y falsos obstáculos. En la Virgen esta el modelo creyente, cierto y autentico de una Fe inquebrantable ante la adversidad. Para el que cree con fe encarnada nada es imposible. Fortaleza interior para hacer vida el Amor de Dios.  María mujer de Fe encarnada; Ayúdanos Virgen Madre a saber esperar los grandes momentos de nuestra salvación.

2.      Grande el Corazón de San José y varón de hermosas virtudes concedidas por Dios a un corazón humilde: Quiso Dios fiarse en la humildad de un carpintero para escogerle como padre putativo de su Hijo. Mucho sabia Dios del hombre escogido. Hombre de probada virtud y de fe inquebrantable ante la prueba. Su mirada y su silencio son gesto de asombro y a la vez admiración por lo que contemplan sus ojos en la persona del Dios encarnado. Su silencio en una acción de gracias por la mucha asistencia de Dios, del eco encarnado pronunciado por el Ángel: “ José no temas, porque el niño que lleva María en su vientre es el Hijo de Dios”. Certeza única del corazón abandonado en la acción de Dios, fortaleza en Dios para disipar las dudas que la vida ofrece. Solo en un corazón confiado en Dios se cumple su obra. “ Ayúdanos San José para superar nuestros miedos cuando la fe se nos debilita”

3.      Contemplemos con gozo a Dios Niño, hecho Hombre: En la inocencia de un recién nacido en un pesebre se manifiesta nuestra salvación.   Ya Dios no está lejos. No es desconocido. No es inalcanzable a nuestro corazón. Se ha hecho niño por nosotros y así ha disipado toda ambigüedad. Dios no solo tomó aspecto humano, si no que se encarno.. siente y vive con los sentimientos humanos, comprende nuestra vida y sus distintos momentos de la historia. Para Él ningún sentimiento humano es lejano, ningún hombre es extranjero, es su presencia en medio del nosotros el que nos hace sentir en casa, en su presencia. Nos observa a todos como sus hijos amados. Hoy su Amor nos manifiesta que su gran Amor no excluye a nadie. 

Al contemplar el misterio central de la Natividad, comprendemos que Jesús ha venido para cada uno de nosotros y en él nos ha hecho hermanos. De ésta razón esencial del misterio de la navidad  se deriva el compromiso de superar las diferencias y los recelos, los prejuicios e indiferencias, derribar las barreras, eliminar las contraposiciones que nos dividen. Que reine la paz, la concordia y la justicia para cada uno de nosotros, para cada familia, para cada anciano y sobre todo en el corazón ilusionado del joven y la inocencia de los niños. Que su Amor en esta noche se manifieste en el que más necesita de su Amor, en el más solo y abandonado, y en más olvidado, en el que sufre a causa de la injusticia, el que ha emigrado y lucha por un mejor porvenir. Que su presencia cubra con el don de la paz y asistencia a toda la humanidad. Que hoy nos sintamos renovados en el Amor de Dios. Que esta noche al reunirnos en torno al pesebre y desearnos una Feliz Navidad sea al menos un momento espiritual, en el cual  evidenciemos un autentico encuentro del Dios con nosotros. Ya no es un Dios lejano. Que el Amor de Dios entre y renueve nuestros corazones. Que hoy El Dios con nosotros   reconstruya el corazón de cada uno y establezcamos profundos vínculos de paz y reconciliación.

Oración Comunitaria

Dios Padre Bueno, te damos gracias por tu bondad, pero también te pedimos; Muestra tu poder. Erige en el mundo el dominio de tu verdad, de tu amor;  el reino de justicia, de amor y de paz.

FELIZ NAVIDAD.



 ADORACIÓN DE LA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS

  1. MONICIÓN AL PRESENTAR LA IMAGEN: 
Hoy  día de Nochebuena, tenemos en medio de nosotros la imagen del niño Dios, centro de nuestra celebración y gozo espiritual. Vamos a encender estos cirios, los cuales nos harán pensar en su presencia de claridad en medio de nosotros y a la vez darle gracias  a Dios por habernos enviado a su Hijo Jesucristo.
  1. Preces comunitarias de acción de gracias:
-          Gracias Padre, que nos amaste que nos diste el regalo de tu hijo Jesús…  Señor, te damos gracias.
-          Gracias Padre por haberte hecho niño para salvarnos…Señor, te damos gracias.
-          Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.. Señor, te damos gracias.
-          Gracias Jesús, por enseñarnos que el Amor de Dios no excluye a nadie y enseñarnos a amarnos los unos a los otros.  Señor, te damos gracias.
-          Gracias Virgen Madre, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.. María, te damos gracias.
-          Gracias San José,  por cuidar de Jesús y María…San José , te damos gracias.
  1. ORACION COMUNITARIA:
Unidos como comunidad eclesial y agradecidos por la bondad de Dios unamos nuestras manos y recemos juntos con fe viva la oración que Cristo nos enseño:  Padrenuestro…..
Y agradecidos con María, Virgen y Madre de Jesús digamos: Dios te Salve Maria…….
Y esperanzados en una única fe y esperanza viva, alabemos la gloria de Dios… Gloria al  Padre……
  1. Oración Final: Gracias Padre por esta noche de Paz, noche de Amor, que Tú nos has dado  a tu Hijo, te pedimos nos bendigas y habites en nuestros corazones. Calca tu vida y tu ejemplo en nuestras vidas. Y danos tu bondad para seguir con alegría amándote y sirviéndote.
Que viva el Niño Jesús…. ¡Que viva ¡
Que Reine su Amor entre nosotros… ¡Que reine¡
Que su Amor sea encarnado en nuestros prójimos… ¡Que así sea¡






viernes, 22 de noviembre de 2019


FIESTA DE CRISTO REY DEL UNIVERSO
Pbro. Ángel Yvan Rodriguez Pineda



1.      Un poco de historia:
La fiesta de Cristo Rey fu instituida por el Papa Pio XI el 11 de Marzo de 1925 y su sentido litúrgico es motivar a los católicos a reconocer públicamente el poder de Cristo en la Iglesia y la sociedad civil.  Con dicha fiesta cerramos también el año litúrgico bajo la significación de Cristo como centro toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y fin.  Cristo reina entre la personas con su mensaje de amor, justicia, paz y servicio. El Reinado de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.
2.      Lo litúrgico de la solemnidad:
Hoy es el último domingo del año litúrgico ya que el próximo domingo iniciaremos el tiempo del adviento, que nos pondrá en camino hacia la Navidad. Prepararemos dignamente  nuestro corazón y nuestras vidas en el mejor pesebre que Cristo desea renacer en nuevas actitudes. No hay navidad si no ratificamos la fuerza invencible de la esperanza cristiana. Esperanza que nunca pasa... la esperanza del Dios hecho carne y comprende nuestra alegría y sufrimientos.
3.      Qué nos enseña hoy su Palabra:
Nos relata la enseñanza  de un Cristo que en el dolor de la cruz ratifica su poder. Los ladrones que fueron crucificados junto a Jesús, uno le ofendía y otro le demostró toda su fe en Jesús. El primero le decía: “Si tu eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc 23,39)… Cualquiera hubiera creído en un Cristo poderoso, rico y reinante; pero no cualquiera hubiera creído en el Cristo, humillado, triturado a punto de morir. ¡ Que fue lo que movió al ladrón arrepentido a creer en Jesús en esas circunstancias?, ¡qué fue lo que le llevo a suplicarle: “ Señor , cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí?. Seguramente este ladrón había escuchado la doctrina del amor y la misericordia de  que Jesús predicaba y del Reino que Él anunciaba. Seguramente él vio la congruencia del anuncio del amor y de su amor llevado al extremo, Poe eso cuando Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43) debe haber quedado colmado de la alegría de esperar el Reino. Él se había encontrado a si mismo, culpable y merecedor del castigo que recibía , y había reconocido a Jesús como INOCENTE con mayúscula, es decir con la inocencia que solo podía tener Dios encarnado,, ¿Y nosotros a quien le creemos?. Ojalá que aprendamos a creer en los pobres, los enfermos, los emigrantes. Este evangelio nos presenta las distintas actitudes que circundan la cruz de Cristo y los valores de su reinado.
La festividad de hoy es un llamado a una toma de conciencia de todo bautizado que toda función de autoridad está dada por Dios para dedicarnos a salvar a los demás. Nunca nos olvidemos que hemos sido elegidos por Dios con u solo propósito… ser puente de salvación para los hermanos.
4.      La Iglesia es signo e instrumento del Reino de Dios:
La misión de la Iglesia es Evangelizar. Gracias a la pluralidad de los dones y carismas que ofrece el Espíritu Santo todos cabemos e la vida pastoral de la Iglesia y tenemos una vocación y acción específica a través del apostolado que realizamos. No todos servimos para todo, pero si todos servimos para algo en la vida de la Iglesia. Cada uno estamos llamados a ser signo del Reino de Dios. ¿Cómo serlo?...
-          Cada vez que siembras perdón y misericordia….
-          Cada vez que tiendes tus manos en la acción apostólica en medio de la comunidad..
-          Cada vez que asumes tu apostolado con pasión y ardor de Cristo..,
-          Cada vez que promueves la paz y la concordia…
-          Cada vez que encarnas los valores del amor, la justicia y la paz…
-          Cada vez que suscitas esperanza viva en tus ambientes…
El compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado

5.      Cristo quiere Reinar en el mundo a través de nosotros:
 El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.
 Es una verdad muy consoladora saber que Cristo quiere reinar en el corazón de todos nosotros…abramos el corazón a Cristo Rey.. el quiere reinar … y pidamos juntos:
-          Que reine Cristo como Rey del Universo…. ¡Que Reine!...
-          Que reine su paz y amor en el mundo….¡ Que Reine!
-          Que reine su verdad, justicia… ¿Qué  Reine!
-          Que viva Cristo Rey…..! Que Viva!
Que el Amor y intercesión de la Santísima Virgen María, madre del Rey del Universo nos ampare y acompañe siempre. Amen…..
ORACIÓN A CRISTO REY

            Salve Rey de los cielos y la tierra, Cristo Jesús, cariñoso Pastor.     Oye la voz Amorosa y ferviente de tu Iglesia, danos la gracia de servirte  en nuestros oficios y apostolados, suscita  vocaciones de entrega y servicios en nuestra comunidad con el fin  de extender  su Reino entre nosotros.   Amén.






sábado, 12 de octubre de 2019


OREMOS CON FE POR LA PAZ Y LIBERTAD DE NUESTRA PATRIA

Pbro. Ángel Yvan Rodriguez Pineda




En comunión con nuestros obispos Venezolanos y en comunión con la Iglesia que hace vida en nuestra patria, retomo las palabras claras y precisas que nos ofrecieron en su documento final el 12 de julio de 2017:  La gente se siente golpeada por el hambre, la falta de garantías de salud y la inseguridad en todos los sentidos, hoy somos testigos como la violencia ha adquirido un carácter estructural en nuestro país… sus expresiones: la represión irracional de todo derecho fundamental a favor de la vida, homicidios y crímenes de inocentes y numerosas detenciones por parte del gobierno a los que se atreven a disentir de un régimen dictador y totalitario..Se vive hoy la tortura y el maltrato...Existe un menosprecio a la dignidad humana”
Ante esta grave situación que todos los venezolanos hoy vivimos surge a cada instante un anhelo de paz, concordia, reconciliación y reconstrucción democrática. Pero a su vez nos surge como el salmista una inquietud:  ¿ Dé donde nos vendrá el auxilio? (Sal. 121, 1).. Encontrando desde nuestra Fe la respuesta misma del salmista: “El auxilio nos viene del Señor que hizo el cielo y la tierra” (Sal.121,2) y al mismo tiempo nos resuenan las palabra del evangelio: Para Dios no hay nada imposible”. ( Lc. 1,37).  Tengamos en claro que la paz y la libertad no es algo que pueda conseguirse solo con esfuerzos humanos, aunque estos son imprescindibles, sino que además depende de Dios porque la paz en un don de Él y la oración es el camino para que nos la conceda. He aquí, la razón que nos reúne como comunidad de fe...orar por la paz y libertad de nuestra nación. Recordemos las palabras proféticas de San Juan Pablo II: “Como discípulos de Jesucristo tenemos la obligación especial de trabajar para llevar al mundo la paz” (…) “No tengamos miedo... La fe nos enseña que la paz es un don de Jesucristo, un don que debe expresarse en la plegaria hacia Aquel que tiene en sus manos los destinos de los pueblos” (Juan Pablo II. Jornada por la paz. Asis 27/10/1986). Bajo esta razón nos reúne hoy el Señor, orar sin desfallecer y poner nuestra confianza el Señor. Sabemos por experiencia de fe personal y comunitaria que cuando se Ora con Fe algo sucede…
El habernos reunido hoy a orar juntos demuestra una verdad de comunión y confianza en Dios. Dios nuestra fuerza, Dios nuestra confianza, Dios nuestra autentica esperanza. Dios se alegra y se manifiesta cuando su Iglesia se reúne para bendecir, agradecer y presentar sus necesidades como pueblo. Cuando un pueblo ora con fe al Dios de la Misericordia sus oraciones son escuchadas.
Hoy es una ocasión propicia para redescubrir que nuestra única esperanza que reside en Dios,  que nuestra verdad certera es Dios y el es nuestro camino, verdad y vida. Redescubrir a Dios en medio de las tinieblas, nos da la certeza que no estamos solos, que Dios aun sigue presente desde el silencio de los distintos acontecimientos que claman su manifestación. Nunca olvidemos que la lógica de Dios es distinta a la lógica de los hombres.
Seguro estoy, y sé que muchos de ustedes al igual que yo, tememos la certeza que ante la mirada de Dios no se escapa el esfuerzo y la constancia, los sufrimientos y separaciones de muchas que han emigrado, de ancianos y jóvenes que mueren por falta de medicinas, la impotencia antes complicidades de la corrupción nacional y los crímenes perpetuados a tantos inocentes. Nada se escapa a la justicia y el juicio del justo juez… No perdamos nuestra confianza en el Señor de la libertad y el bien. Jesús nuestra fuerza, Jesús nuestra esperanza…Un pueblo que camina en fe nunca será vencido, un pueblo que se ampara en Dios encuentra su esperanza, un pueblo que camina en fe nunca tiene miedo sino que se convierte en voz de esperanza y denuncia ante el sufrimiento humano.
Que hoy como comunidad orante, nuestras intenciones lleguen al cielo en un solo clamor al Padre de la misericordia, por boca de Jesucristo bajo la acción del Espíritu Santo. Contemos con la oración intercesión de María de Coromoto que ampara toda la extensión de nuestra patria.
Finalicemos aclamando juntos en esta Eucaristía:
Señor en ti nuestra Confianza…
Señor en ti nuestra Fortaleza…...
Señor en ti nuestro presente y nuestro futuro.  Asísténos Señor hoy siempre. Amen

viernes, 21 de junio de 2019


EL CORAZÓN DE JESÚS EN NUESTRA
VENEZUELA
Pbro. Angel Yvan Rodríguez P.


            Posiblemente haya alguno que piense que reflexionar sobre el corazón de Jesús en medio de la situación de conflicto y de carestía que estamos atravesando sea algo trasnochado, obsoleto o cursi; ligado a formas de piedad pertenecientes al pasado. Lo cierto es que Venezuela en el año 1900 fue uno de los primeros dieciséis países consagrados a esta advocación.
            Corazón es una palabra primordial en nuestra cultura. La palabra nos remite a lo profundo y vital de nuestra esencia y existencia. Muchas veces nos referimos a la realidad que vivimos sosteniendo que el corazón “se nos parte”, “se hiela”, “se ensancha”, “se encoge”, o nos referimos a una persona como aquel que “no tiene corazón”. Ante la crisis que estamos atravesando, muchos no ven salida. Por esta razón reflexionar hoy en torno al corazón tiene vigencia. Es la literatura la que nos recuerda aquella ya famosa y extendida frase del capítulo veinticinco de El Principito: “Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Para muchos los ojos sólo muestran el conflicto y la violencia. Por ello la urgencia de ver con otros ojos.
            Pero todavía todo esto nos podría sonar idílico. El teólogo jesuita Karl Rahner, hace algunas décadas atrás, retomaba en consideración el culto al corazón de Jesús. En su reflexión consideraba tres aspectos fundamentales de la advocación al corazón de Jesús. Según su criterio, esta advocación nos llama a la interiorización, a una fe intensa en el amor de Dios y a la reparación de este corazón injustamente afrentado.
            Regreso al espacio interior
            Hoy es imperativo volver a nuestro espacio interior. El espacio profundamente deteriorado por el odio y la inhumanidad promovida adrede. Sólo un regreso al interior puede permitir conectar con los valores e ideales que genuina y libremente mueven nuestra vida. Nuestra vida individual y comunitaria como grupo social. No se puede ser indiferente frente a la realidad y refugiarse en el ghetto egoísta de la tranquilidad mezquina. Al referirnos a la palabra corazón siempre nos referimos a una interioridad que tiene una referencia a algo o alguien. Nuestro corazón nunca está totalmente volcado en nosotros mismos. En tal sentido, la advocación al corazón nos lleva a lo más profundo y genuino de nosotros. Aquel espacio que tenemos que salvaguardar de la inhumanidad descorazonada que pretende imponerse como el criterio total y dominante.
            Pero también es cierto que hoy a la comunidad creyente le es urgente una fe intensa en el amor de Dios. El discurso imperante ha pretendido convertirnos en unos lobos contra otros lobos. La lógica reinante nos lleva a percibir a todo aquel que nos adversa como nuestro enemigo. Que como tal debe ser reducido y eliminado. El Sagrado Corazón, desde el principio, representó la humanidad y la cercanía de Dios a lo creado y a lo humano. El eje del cristianismo consiste fundamentalmente en que “Dios nos amó con corazón humano”. Dios nos amó con y desde el corazón de Jesús. De esta forma venció el mal. Quien vive desde este amor entiende y vive según su lógica.
            Por último, hablamos de reparación.
             Una palabra extraña para nuestros oídos modernos. Pero que hoy parece más urgente que nunca en nuestra realidad tan fragmentada. Vivir desde el amor y desde el corazón no puede dejarme indiferente ante el dolor en los corazones quebrados de nuestra historia. Implica amar a los demás como somos amados por Dios. De esta forma, el corazón se transforma en el centro que nos libera de toda esclavitud y opresión.