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viernes, 22 de noviembre de 2019


FIESTA DE CRISTO REY DEL UNIVERSO
Pbro. Ángel Yvan Rodriguez Pineda



1.      Un poco de historia:
La fiesta de Cristo Rey fu instituida por el Papa Pio XI el 11 de Marzo de 1925 y su sentido litúrgico es motivar a los católicos a reconocer públicamente el poder de Cristo en la Iglesia y la sociedad civil.  Con dicha fiesta cerramos también el año litúrgico bajo la significación de Cristo como centro toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y fin.  Cristo reina entre la personas con su mensaje de amor, justicia, paz y servicio. El Reinado de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.
2.      Lo litúrgico de la solemnidad:
Hoy es el último domingo del año litúrgico ya que el próximo domingo iniciaremos el tiempo del adviento, que nos pondrá en camino hacia la Navidad. Prepararemos dignamente  nuestro corazón y nuestras vidas en el mejor pesebre que Cristo desea renacer en nuevas actitudes. No hay navidad si no ratificamos la fuerza invencible de la esperanza cristiana. Esperanza que nunca pasa... la esperanza del Dios hecho carne y comprende nuestra alegría y sufrimientos.
3.      Qué nos enseña hoy su Palabra:
Nos relata la enseñanza  de un Cristo que en el dolor de la cruz ratifica su poder. Los ladrones que fueron crucificados junto a Jesús, uno le ofendía y otro le demostró toda su fe en Jesús. El primero le decía: “Si tu eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc 23,39)… Cualquiera hubiera creído en un Cristo poderoso, rico y reinante; pero no cualquiera hubiera creído en el Cristo, humillado, triturado a punto de morir. ¡ Que fue lo que movió al ladrón arrepentido a creer en Jesús en esas circunstancias?, ¡qué fue lo que le llevo a suplicarle: “ Señor , cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí?. Seguramente este ladrón había escuchado la doctrina del amor y la misericordia de  que Jesús predicaba y del Reino que Él anunciaba. Seguramente él vio la congruencia del anuncio del amor y de su amor llevado al extremo, Poe eso cuando Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43) debe haber quedado colmado de la alegría de esperar el Reino. Él se había encontrado a si mismo, culpable y merecedor del castigo que recibía , y había reconocido a Jesús como INOCENTE con mayúscula, es decir con la inocencia que solo podía tener Dios encarnado,, ¿Y nosotros a quien le creemos?. Ojalá que aprendamos a creer en los pobres, los enfermos, los emigrantes. Este evangelio nos presenta las distintas actitudes que circundan la cruz de Cristo y los valores de su reinado.
La festividad de hoy es un llamado a una toma de conciencia de todo bautizado que toda función de autoridad está dada por Dios para dedicarnos a salvar a los demás. Nunca nos olvidemos que hemos sido elegidos por Dios con u solo propósito… ser puente de salvación para los hermanos.
4.      La Iglesia es signo e instrumento del Reino de Dios:
La misión de la Iglesia es Evangelizar. Gracias a la pluralidad de los dones y carismas que ofrece el Espíritu Santo todos cabemos e la vida pastoral de la Iglesia y tenemos una vocación y acción específica a través del apostolado que realizamos. No todos servimos para todo, pero si todos servimos para algo en la vida de la Iglesia. Cada uno estamos llamados a ser signo del Reino de Dios. ¿Cómo serlo?...
-          Cada vez que siembras perdón y misericordia….
-          Cada vez que tiendes tus manos en la acción apostólica en medio de la comunidad..
-          Cada vez que asumes tu apostolado con pasión y ardor de Cristo..,
-          Cada vez que promueves la paz y la concordia…
-          Cada vez que encarnas los valores del amor, la justicia y la paz…
-          Cada vez que suscitas esperanza viva en tus ambientes…
El compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado

5.      Cristo quiere Reinar en el mundo a través de nosotros:
 El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.
 Es una verdad muy consoladora saber que Cristo quiere reinar en el corazón de todos nosotros…abramos el corazón a Cristo Rey.. el quiere reinar … y pidamos juntos:
-          Que reine Cristo como Rey del Universo…. ¡Que Reine!...
-          Que reine su paz y amor en el mundo….¡ Que Reine!
-          Que reine su verdad, justicia… ¿Qué  Reine!
-          Que viva Cristo Rey…..! Que Viva!
Que el Amor y intercesión de la Santísima Virgen María, madre del Rey del Universo nos ampare y acompañe siempre. Amen…..
ORACIÓN A CRISTO REY

            Salve Rey de los cielos y la tierra, Cristo Jesús, cariñoso Pastor.     Oye la voz Amorosa y ferviente de tu Iglesia, danos la gracia de servirte  en nuestros oficios y apostolados, suscita  vocaciones de entrega y servicios en nuestra comunidad con el fin  de extender  su Reino entre nosotros.   Amén.






sábado, 12 de octubre de 2019


OREMOS CON FE POR LA PAZ Y LIBERTAD DE NUESTRA PATRIA

Pbro. Ángel Yvan Rodriguez Pineda




En comunión con nuestros obispos Venezolanos y en comunión con la Iglesia que hace vida en nuestra patria, retomo las palabras claras y precisas que nos ofrecieron en su documento final el 12 de julio de 2017: “  La gente se siente golpeada por el hambre, la falta de garantías de salud y la inseguridad en todos los sentidos, hoy somos testigos como la violencia ha adquirido un carácter estructural en nuestro país… sus expresiones: la represión irracional de todo derecho fundamental a favor de la vida, homicidios y crímenes de inocentes y numerosas detenciones por parte del gobierno a los que se atreven a disentir de un régimen dictador y totalitario..Se vive hoy la tortura y el maltrato...Existe un menosprecio a la dignidad humana”
Ante esta grave situación que todos los venezolanos hoy vivimos surge a cada instante un anhelo de paz, concordia, reconciliación y reconstrucción democrática. Pero a su vez nos surge como el salmista una inquietud:  ¿ Dé donde nos vendrá el auxilio? (Sal. 121, 1).. Encontrando desde nuestra Fe la respuesta misma del salmista: “El auxilio nos viene del Señor que hizo el cielo y la tierra” (Sal.121,2) y al mismo tiempo nos resuenan las palabra del evangelio: Para Dios no hay nada imposible”. ( Lc. 1,37).  Tengamos en claro que la paz y la libertad no es algo que pueda conseguirse solo con esfuerzos humanos, aunque estos son imprescindibles, sino que además depende de Dios porque la paz en un don de Él y la oración es el camino para que nos la conceda. He aquí, la razón que nos reúne como comunidad de fe...orar por la paz y libertad de nuestra nación. Recordemos las palabras proféticas de San Juan Pablo II: “Como discípulos de Jesucristo tenemos la obligación especial de trabajar para llevar al mundo la paz” (…) “No tengamos miedo... La fe nos enseña que la paz es un don de Jesucristo, un don que debe expresarse en la plegaria hacia Aquel que tiene en sus manos los destinos de los pueblos” (Juan Pablo II. Jornada por la paz. Asis 27/10/1986). Bajo esta razón nos reúne hoy el Señor, orar sin desfallecer y poner nuestra confianza el Señor. Sabemos por experiencia de fe personal y comunitaria que cuando se Ora con Fe algo sucede…
El habernos reunido hoy a orar juntos demuestra una verdad de comunión y confianza en Dios. Dios nuestra fuerza, Dios nuestra confianza, Dios nuestra autentica esperanza. Dios se alegra y se manifiesta cuando su Iglesia se reúne para bendecir, agradecer y presentar sus necesidades como pueblo. Cuando un pueblo ora con fe al Dios de la Misericordia sus oraciones son escuchadas.
Hoy es una ocasión propicia para redescubrir que nuestra única esperanza que reside en Dios,  que nuestra verdad certera es Dios y el es nuestro camino, verdad y vida. Redescubrir a Dios en medio de las tinieblas, nos da la certeza que no estamos solos, que Dios aun sigue presente desde el silencio de los distintos acontecimientos que claman su manifestación. Nunca olvidemos que la lógica de Dios es distinta a la lógica de los hombres.
Seguro estoy, y sé que muchos de ustedes al igual que yo, tememos la certeza que ante la mirada de Dios no se escapa el esfuerzo y la constancia, los sufrimientos y separaciones de muchas que han emigrado, de ancianos y jóvenes que mueren por falta de medicinas, la impotencia antes complicidades de la corrupción nacional y los crímenes perpetuados a tantos inocentes. Nada se escapa a la justicia y el juicio del justo juez… No perdamos nuestra confianza en el Señor de la libertad y el bien. Jesús nuestra fuerza, Jesús nuestra esperanza…Un pueblo que camina en fe nunca será vencido, un pueblo que se ampara en Dios encuentra su esperanza, un pueblo que camina en fe nunca tiene miedo sino que se convierte en voz de esperanza y denuncia ante el sufrimiento humano.
Que hoy como comunidad orante, nuestras intenciones lleguen al cielo en un solo clamor al Padre de la misericordia, por boca de Jesucristo bajo la acción del Espíritu Santo. Contemos con la oración intercesión de María de Coromoto que ampara toda la extensión de nuestra patria.
Finalicemos aclamando juntos en esta Eucaristía:
Señor en ti nuestra Confianza…
Señor en ti nuestra Fortaleza…...
Señor en ti nuestro presente y nuestro futuro.  Asísténos Señor hoy siempre. Amen

viernes, 21 de junio de 2019


EL CORAZÓN DE JESÚS EN NUESTRA
VENEZUELA
Pbro. Angel Yvan Rodríguez P.


            Posiblemente haya alguno que piense que reflexionar sobre el corazón de Jesús en medio de la situación de conflicto y de carestía que estamos atravesando sea algo trasnochado, obsoleto o cursi; ligado a formas de piedad pertenecientes al pasado. Lo cierto es que Venezuela en el año 1900 fue uno de los primeros dieciséis países consagrados a esta advocación.
            Corazón es una palabra primordial en nuestra cultura. La palabra nos remite a lo profundo y vital de nuestra esencia y existencia. Muchas veces nos referimos a la realidad que vivimos sosteniendo que el corazón “se nos parte”, “se hiela”, “se ensancha”, “se encoge”, o nos referimos a una persona como aquel que “no tiene corazón”. Ante la crisis que estamos atravesando, muchos no ven salida. Por esta razón reflexionar hoy en torno al corazón tiene vigencia. Es la literatura la que nos recuerda aquella ya famosa y extendida frase del capítulo veinticinco de El Principito: “Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Para muchos los ojos sólo muestran el conflicto y la violencia. Por ello la urgencia de ver con otros ojos.
            Pero todavía todo esto nos podría sonar idílico. El teólogo jesuita Karl Rahner, hace algunas décadas atrás, retomaba en consideración el culto al corazón de Jesús. En su reflexión consideraba tres aspectos fundamentales de la advocación al corazón de Jesús. Según su criterio, esta advocación nos llama a la interiorización, a una fe intensa en el amor de Dios y a la reparación de este corazón injustamente afrentado.
            Regreso al espacio interior
            Hoy es imperativo volver a nuestro espacio interior. El espacio profundamente deteriorado por el odio y la inhumanidad promovida adrede. Sólo un regreso al interior puede permitir conectar con los valores e ideales que genuina y libremente mueven nuestra vida. Nuestra vida individual y comunitaria como grupo social. No se puede ser indiferente frente a la realidad y refugiarse en el ghetto egoísta de la tranquilidad mezquina. Al referirnos a la palabra corazón siempre nos referimos a una interioridad que tiene una referencia a algo o alguien. Nuestro corazón nunca está totalmente volcado en nosotros mismos. En tal sentido, la advocación al corazón nos lleva a lo más profundo y genuino de nosotros. Aquel espacio que tenemos que salvaguardar de la inhumanidad descorazonada que pretende imponerse como el criterio total y dominante.
            Pero también es cierto que hoy a la comunidad creyente le es urgente una fe intensa en el amor de Dios. El discurso imperante ha pretendido convertirnos en unos lobos contra otros lobos. La lógica reinante nos lleva a percibir a todo aquel que nos adversa como nuestro enemigo. Que como tal debe ser reducido y eliminado. El Sagrado Corazón, desde el principio, representó la humanidad y la cercanía de Dios a lo creado y a lo humano. El eje del cristianismo consiste fundamentalmente en que “Dios nos amó con corazón humano”. Dios nos amó con y desde el corazón de Jesús. De esta forma venció el mal. Quien vive desde este amor entiende y vive según su lógica.
            Por último, hablamos de reparación.
             Una palabra extraña para nuestros oídos modernos. Pero que hoy parece más urgente que nunca en nuestra realidad tan fragmentada. Vivir desde el amor y desde el corazón no puede dejarme indiferente ante el dolor en los corazones quebrados de nuestra historia. Implica amar a los demás como somos amados por Dios. De esta forma, el corazón se transforma en el centro que nos libera de toda esclavitud y opresión.

lunes, 1 de octubre de 2018





“Sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6).






            La Iglesia enseña que la fe es la virtud (teologal), “dada por Dios”, que nos lleva a creer en Dios y en todo lo que nos dijo y reveló, y que la Santa Iglesia nos propone para creer. Por la fe, “el hombre libremente se entrega todo a Dios”. El cristiano busca conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que “el justo vivirá por la fe” (Rm 1, 17) y “sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6). La fe en Dios nos lleva a volvernos a Él como nuestro origen y nuestro fin, y no preferir ni sustituirlo a Él por nada.
            La fe es como una llama que necesita de combustible para mantenerse encendida. Es como una planta que necesita de agua todo el día, sol y adobo, para crecer cada día.
            Para que la fe viva y crezca es necesario una vida de oración diaria, de intimidad con Dios, de amistad con el “divino Amigo”, compartiendo con Él todos los sufrimientos y alegrías”.
            La fe se vuelve fuerte cuando meditamos sus Palabras y obedecemos lo que Él ordena, sin miedo y sin disimulo. “Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús, que organiza esta carrera de la fe y la premia al final (Heb 12, 1-2).
            Nuestra fe se fortalece cuando lo recibimos en la Eucaristía donde Él se da en el Pan para ser “alimento y remedio” para nuestra vida. Él dijo que quien come de su Carne y bebe de su Sangre “permanece en Él”, “vivirá por Él” y será resucitado en el último día.
            La fe crece y se fortalece cuando se ama a Dios y al prójimo, pues la fe viva “actúa por la caridad” (GI 5,6). “La fe sin obras está muerta” (Tg 2,26); sin la esperanza y el amor la fe no une plenamente el cristiano a Cristo y no hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.
            La fe no es sólo algo individual, sino colectivo, es de la Iglesia. Muchos flaquean en la fe porque viven en “su” fe; pobre y débil. Tenemos que vivir en la fe “de la Iglesia”, todo lo que ella recibió de Cristo y nos enseña. Jesús le dijo a la Iglesia: “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí” (Lc 10,16). Sólo tiene fe inquebrantable aquel que cree y vive lo que enseña la Santa Iglesia, Esposa del Señor, pues ella es Su “brazo extendido en nuestra historia”. La Iglesia nunca tuvo crisis de fe.
            ¿Qué puede apagar nuestra fe? Nuestros pecados. Entonces, luchar contra los pecados es el mejor medio para mantener encendida la fe. Una vida tibia (relajamiento espiritual), mata la fe. Dar importancia a la confesión, sin demora, siempre que el pecado asalte nuestra alma. Nada de auto piedad y falso orgullo, corramos de prisa al sacerdote de aquel que derramó su Sangre para perdonarnos en cualquier momento. No permitamos que la hierba dañina del pecado mate la planta de la fe en el jardín del alma.
            Para mantener encendida la fe es necesario renovar cada día nuestra confianza en Dios, abandonar la vida en sus manos como el niño que se abandona en los brazos de la madre y no se preocupa. Vivir en la fe significa conocer la grandeza y la majestad de Dios, y entonces, vivir en acción de gracias por todo lo que somos y que recibimos de Él.
            ¿Y qué tienes que no hayas recibido? (1Cor 4,7). “¿Cómo retribuiré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (SI 116, 12).
            Vivir en la fe significa confiar en Dios en cualquier circunstancia, incluso en la adversidad. Como decía Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta. ¡Sólo Dios basta!”. “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28).
            La fe exige también dar testimonio de Cristo. “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos”. (Mt 10, 32-33).
            Cuanto más se ejercita la fe, más crece en nosotros y se fortalece; cuanto menos la ejercitemos, más se volverá raquítica.

jueves, 21 de junio de 2018



MIRAR A LOS POBRES CON LA MIRADA DE DIOS

Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda





            Los cristianos consecuentes, debemos abrazar con mucho amor a todos aquellos que viven afligidos por la falta de de recursos económicos. Si somos indiferentes con los pobres, especialmente con lo que han nacido en condiciones humildes, tal como nació Jesús, no podemos decir que sentimos o conocemos que es la palabra caridad.
            En efecto, la honestidad pura en expresar el amor a Dios por sobre toda las cosas y el amor al prójimo, no es tal si despreciamos a los pobres. La desidia frente a la pobreza, es irreverencia a Dios.
            No existe mayor infidelidad a los Evangelios, que el no mirar y sentir a la pobreza con amor, respeto, solidaridad y preocupación por ella. Llamamos a Dios como Padre, porque somos hermanos de todos los hombres, nos llamamos cristianos porque somos seguidores de Jesucristo, entonces nos debemos sentir llamados a estar junto a todos los que necesitan, nos sentimos obligados a ayudar a los pobres y en forma permanente, como si fuera parte de nuestra tarea diaria, en otras palabras haciendo de esta ayuda nuestra misión.
            Son variadas las formas de pobreza que existen hoy, son muchos los tipos de desigualdades, como son muchas las formas de ayuda a las cuales podemos recurrir, nuestro punto de partida debe comenzar por el reconocimiento de la realidad actual de la pobreza y de las causas que la originan. Esta condición es necesaria para responder con eficacia al llamado solidario que nos hace Jesús desde el  Evangelio para con nuestros hermanos, el que nos compromete a una sincera voluntad de amar y servir al que sufre.
            La pobreza existe en la misma relación que la falta de solidaridad y la falta de caridad en el corazón de los hombres, y para muchos, preocuparse de la pobreza no deja de ser un discurso que solo busca el beneficio personal. En efecto, hermosas palabras solidarias a los pobres son convincentes para el apoyo político, actitud que avergüenza al hombre como tal. Las crisis y los desequilibrios sociales tienen sus responsables en nuestra sociedad, el desempleo y los ingresos paupérrimos son una clara prueba de ello.
            Basta con conocer la realidad económica de muchos ancianos que reciben pensiones insuficientes, hay que mirarle a los ojos, para darse cuenta como la vida se extingue en tristeza, basta con mirar las viviendas de los marginados para observar como la alegría no es parte de su vida. Así es, como lo único que se necesita, es ver y querer ver, para darse cuenta del aspecto doloroso de pobreza que existe alrededor nuestro y mucho más cercano de lo que podemos imaginar.
            Es tarea de los que estudian las leyes económicas, la creación de bases para terminar o al menos mitigar con el dolor de vivir en la marginalidad y debilidad económica, es tarea de todos aportar ideas para disminuir la pobreza, es compromiso de todo cristiano ser solidario con el hermano necesitado.
            Algo que no podemos negar: la pobreza es una realidad; a los pobres nos los encontramos cada día. Para darse cuenta de esto, solo basta con ampliar la mirada. La gran desigualdad entre las personas, es injusta y perturba la paz.
            El que cree en Dios, el que acepta la Buena Noticia de Jesucristo, no puede cerrar los ojos a esta realidad ni menos darle la espalda y practicar frente a ella la indiferencia. No es digno del hombre vivir una vida de hambre y de falta de oportunidades, Dios no quiere la pobreza, Jesucristo no aprueba que los hombres vivan indignamente, y nos pide que seamos como El, compasivos con los pobres; quien comprende esto, es consecuente con la Buena Noticia, quien es solidario con los pobres, lo es con las enseñanzas de Jesús.
            Jesucristo es la Buena Noticia para los pobres, que duda cabe, Él hizo del amor todas sus enseñanzas, el nos abre el corazón para que seamos solidarios y compartamos lo que tenemos. El se hizo pobre y vivió su pobreza, Él  estuvo disponible para servir a todos los hombres, el llamó bienaventurados a los pobres, y a cuantos quisieran vivir cerca de los pobres y compartir con ellos lo que son y lo que tienen, Él nos enseño a mirar a los pobres con la mirada de Dios, por tanto, si somos sus discípulos, seamos consecuente.
            Entonces no dejemos de lado la misión de justicia y caridad en la tarea de disminuir la pobreza, porque la vida de los hombres será más justa, fraternal y humana, en la medida en que hagamos una realidad nuestro sentido del amor solidario y misericordioso.
            La pobreza, y la marginación que de ella se origina, no es otra cosa, que la falta de amor a los necesitados. La caridad a favor de los más pobres no es algo ajeno a nuestro vivir. Promover acciones para mitigar la pobreza no es cosa de solo algunos o ciertas instituciones. Los cristianos debemos asumir esta responsabilidad, juntos con llevar la Buena Noticia, nos corresponde trabajar para que sea posible que los pobres salgan de su indigna condición humana, y su exclusión de nuestra sociedad.

martes, 2 de enero de 2018



EPIFANÍA:

 HAGAMOS CRECER LA LUZ




El panorama que nos ofrece este año que empieza, no podemos decir que será  halagüeño. Muchedumbres arrancadas, desplazadas del lugar donde vivían, van por el  mundo en busca de pan, de techo, de trabajo; niños, millones de niños, mueren de hambre,  o a causa de enfermedades que podrían ser curadas: o malviven sin hogar, sin escuela, sin  alegría. Cantidad de gente que sufre por fuera y por dentro: crucificados por la enfermedad,  acorralados por los problemas, la soledad o el rechazo. Muchos -demasiados- puntos de  guerra y de violencia en el mapa del mundo, fuentes permanentes de tragedia, generadores  de espirales de odio...
¿No habrá quien acoja a toda esa gente desarraigada, quien diga alguna vez a esos  niños ¡hijo mío!, quien encuentre una salida para tanto dolor y tanta muerte?  ¡Hay camino! Es la alegre noticia que brota hoy de la Palabra hecha carne. Se ha  encendido una luz en Belén, pequeña aldea de Judá. Un punto de luz, pequeño y casi  escondido al principio, pero que está llamado a crecer, a derramarse por el mundo. Una luz  que va a plantar batalla a todas las angustias del hombre, a todos sus males, hasta a la  misma muerte.
¡Hay salida! Es el grito de nuestra fe, frente a tantas profecías de calamidades que  ensombrecen la aurora de este Año Nuevo.
"Hemos visto salir su estrella, y venimos a adorarlo". Hemos prestado atención a su  llamada y, dejando el calorcito de nuestra cómoda pasividad, hemos andado un largo  camino de preguntas, de cansancios, de ilusión también, de mucha ilusión. Una maravillosa  aventura en la que no ha faltado el sabor triste de la traición, ni el espejismo de otros falsos  caminos, ni la duda, ni el miedo; en la que muchos, rendidos, se han ido quedando en la  cuneta. Unas veces, la estrella nos mantenía en alto la esperanza; otras, cuando la estrella  se escondía, había que aguzar el ingenio, preguntar acá y allá, apretar los dientes y seguir  caminando. Hemos tenido que vencer, todavía, una última tentación: la de sentirnos  decepcionados ante el estilo sencillo y pobre de esa luz descubierta; pero hemos logrado  abrir los ojos de dentro, y reconocer la inmensa fuerza, el todopoderoso amor que se  ocultaba en aquel Niño que, en brazos de su Madre, se nos ofrecía. Y le hemos dado todo  cuanto teníamos.
Más aún, nos hemos puesto a sus órdenes para una misión que ha de llenar el resto de  nuestra vida: la de ser "estrellas", para que otros lo puedan encontrar. Porque esta luz que nace en Belén no es sólo para unos pocos privilegiados. Esta luz  trae ya, desde su humilde principio, el talante inconfundible de la universalidad. "También  los gentiles son coherederos".
Tardará más o menos: dependerá de la resistencia que encuentre en el corazón de los  hombres, de que sean muchos o pocos los que respondan a esa llamada a ser "estrellas"  -misioneros- para otros. Pero algún día, con toda certeza, todos los pueblos de la tierra  levantarán la cabeza: verán, ellos también, que una estrella los llama. Y se pondrán en  camino hacia la luz, hacia la libertad. Sabrán que ha sonado, por fin, la hora de la  esperanza.


viernes, 29 de diciembre de 2017

HORA SANTA
PARA CONSAGRAR EL NUEVO AÑO.

Al terminar un año, es bueno ponernos delante de Dios para agradecer lo que nos ha permitido vivir en el año que termina y consagrar el año nuevo que inicia.
Por lo tanto, en un primer momento será para ver nuestra vida con gratitud, un espacio para tomar conciencia de todo lo vivido y reconocer el paso de Dios en nuestra vida. Como cristianos los hemos vivimos en la Fe y Esperanza, abandonados a  la  infinita Misericordia de nuestro Señor Jesucristo.
Ser agradecidos es una virtud que todo cristiano debe practicar con frecuencia, con esta actitud nos disponemos para este momento de oración.
OFRENDA DE GRATITUD:
Como primer momento de nuestra oración, agradecemos a Dios todo lo que recibimos en este año como regalo de su infinito amor por nosotros.
(En un momento de silencio, hacemos un recuento de todo lo vivido  y se lo presentamos como ofrenda al Señor).
Oración
Gracias por la paz, la alegría, la unión de las personas, gracias por las amistades que gratuitamente nos dan su cariño. Gracias por los logros y éxitos, por la salud. Gracias por el trabajo, el descanso y la diversión, por la ilusión y la compañía, por la esperanza en el día a día.
Señor, aunque me cuesta un poco decirlo, te doy gracias también por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, la soledad, el dolor y el sufrimiento, gracias por la desesperación, por el llanto, gracias por que a través de ello me doy cuenta que todo esto me acercó más a Ti.  Amén.
Decimos a dos coros el siguiente salmo:
Salmo del Amor de Dios conmigo (versión modificada del salmo 136)
Te doy gracias, Señor,  porque eres bueno,
porque es constante y eterno  tu amor conmigo.
-Te doy gracias, Señor,  Dios de todo,
porque en todo lo mío  Tú intervienes,
porque es constante y eterno tu amor conmigo.
-Tú haces grandes maravillas:
la potencia del Universo, el misterio de la Vida,
la fuerza del Amor, mi propio ser.....
porque es constante y eterno tu amor con todo  y también conmigo.
-Me sacaste de aquello que un tiempo me hizo esclavo,
con mano tensa y fuerte brazo
como 'tira de uno' aquel que es buen amigo...
porque es constante y eterno  tu amor conmigo.
-Cuando no tenía fuerzas, me abriste el camino:
pasé y fui salvado por Ti desde la experiencia  del antiguo Egipto
sentí en mi vida una vez más que es constante y eterno  tu amor conmigo.
-Me llevas al desierto, pero vienes conmigo,
me sacas... y me guías a tu  estilo
haciendo brotar fuera aquello que en mí,  tú pusiste escondido,
pero yo nunca supe porqué  no había podido:
quitaste de muy dentro  "poderes escondidos",
rompiste mis cadenas  y viniste conmigo;
yo, a tientas, descubría porque es constante y eterno tu amor conmigo.
-Tú me das, Señor,  el pan que necesito,
el pan que me da vida y aunque me canso.... ¡Vivo!
Si recuerdo mi historia.... has puesto en cada instante  el pan que necesito.
No me dejes,  ahora que estoy cansado hazme experimentar
que es constante y eterno  tu amor conmigo.
-Te doy gracias, Señor, de todo corazón, hoy y siempre
porque es constante y eterno tu amor conmigo.
CANTO…….
RECONCILIACIÓN SANADORA
Ahora, en silencio, oremos y pidamos perdón por todo lo que nosotros hemos contribuido, a lo largo de este año, por acción o por omisión, a hacer más dolorosa o difícil la vida de los demás.
(Dejamos un momento de silencio para examinar nuestra conciencia)
Decimos juntos:
Dios omnipotente y misericordioso,
abre mis ojos para que descubra el mal que he hecho;
toca mi corazón, para que, con sinceridad, me convierta a ti.
Restaura en mí tu amor, para que resplandezca en mi vida la imagen de tu Hijo
Absuélveme, Señor, de todos mis pecados.
Concédeme el perdón de mis culpas, para que te sirva con espíritu libre. Amén
Canto:
CONSAGRACIÓN DEL NUEVO AÑO Y BENDICIÓN DE LA FAMILIA
Le pedimos a Dios nos conceda iniciar el año nuevo con un corazón renovado y decidido a vivir como discípulos para que nuestros anhelos y propósitos se hagan realidad.
Escuchamos la Palabra de Dios: Mt. 7,7-12
“Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta.
 Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama.
¿Acaso alguno de ustedes daría a su hijo una piedra cuando le pide pan?  ¿O le daría una culebra cuando le pide un pescado? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan!  Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas.
Reflexionamos:
¿Qué quiero pedirle al Señor para este nuevo año? ¿Cómo quiero vivirlo?
¿Qué bendiciones deseo para mi familia, amigos, parientes, comunidad, parroquia?
Pidamos al Señor bendiga todos nuestro buenos deseos, nuestros anhelos de seguir caminando en el la búsqueda sincera de su voluntad y en el compromiso por ser fieles discípulos suyo.
(Mientras se lee la siguiente bendición nos podemos inclinar o arrodillar)
·         Que tu visión interior sea transformada para que puedas ver más claramente tu propio viaje con toda la humanidad como un viaje de paz, esperanza y unidad (Nm 24, 15-17;Jn 20, 20).
·         Que Dios Padre que se hace cercano en su Hijo Encarnado sea en quien te puedas apoyar en los momentos débiles y dolorosos. Que conozcas a Dios como tu roca, tu refugio, tu fuerza, tu consuelo y apoyo (Sal 94, 18).
·         Que seas consciente de todos los lugares por los que te llevan tus pies en el nuevo año. Que conozcas qué bellos son los pies del mensajero que anuncia la buena noticia (Is 52,7).
·         Que no tengas miedo a las preguntas que oprimen tu corazón y tu mente. Que las recibas y esperes pacientemente el día en que encontrarán contestación (Mt 11, 3).
·         Que seas el que da la bienvenida con una sonrisa a los que estrechen tu mano y que tus manos se extiendan para abrazar, perdonar, sanar, amar a quien más necesite de tu cariño (Lc 7, 36-50).
·         Que sea tuyo el regalo de la reverencia por todas las cosas creadas. Que te enfrentes con valentía y entusiasmo a la responsabilidad de preservar y cuidar la belleza de la tierra (Sir 42, 15; 43, 33).
·         Que el manantial de la compasión mane profundamente dentro de ti hasta que confortar a los otros, de manera especial al que más sufren (2Cor 1, 3-7).
·         Que te despiertes cada mañana con la acción de gracias en tus labios y en tu corazón, reconociendo que todo es don, que todo es bendición (Sal 138, 1).
·         Que tu amistad con Dios sea fuerte y sana. Que ese amor sea a la vez consuelo y reto mientras luchas por encontrar el camino en el año nuevo (Jn 21, 15-19).
·         Que tu espíritu esté abierto y alerta para descubrir la voluntad de Dios para ti. Que tu oración sea de sabiduría, orientación y profundo entendimiento del camino de Dios para ti, para tu familia, para la comunidad y para el mundo (Lc 1, 26-38).
Que tu vida este año sea un nuevo regalo para Dios y que estén benditos cada uno de sus días. Amen.
(en silencio cada uno ora pidiendo la bendición para cada uno de los miembros de su familia)
PETICIONES:
Querido Dios Hijo, que vienes a nosotros en la fragilidad de un Niño, para que no tengamos miedo acercarnos a ti; te suplicamos y presentamos nuestras y necesidades, escúchalas y atiéndelas según tu voluntad. A cada petición respondemos:
“Escúchanos Señor que confiamos en Ti”…
  Señor te pedimos que ilumines a nuestros gobernantes para que trabajen por la justicia y la paz, sobre todo en aquellos lugares donde actualmente se ha desatado la violencia y la guerra.  Oremos
·         Te pedimos por el Papa, Obispos y Sacerdotes para que renovados por la celebración del misterio de tu Encarnación guíen a nuestra Iglesia conforme a tus enseñanzas a sendas de vida nueva. Oremos
·         Señor te pedimos por las familias para que ante todo lo que lo amenaza, sepamos estrechar los lazos de la unión, el dialogo y el amor.  Oremos
·         Señor te pedimos que ayudes con la luz de tu Espíritu a todos los jóvenes, para que encuentren el Ti el sentido de su vida y por quienes se sienten llamados a ser sacerdotes, religiosos o religiosas no tengan miedo darte una respuesta generosa. Oremos
·         Señor te pedimos de todo corazón por la Paz del mundo entero, que todos los seres humanos vivamos como hermanos en concordia, dialogo, respeto, perdón y amor. Oremos
·         Te pedimos también, por todos nuestros familiares,  amigos  y conocidos que en este año se han adelantado a la casa del Padre, para que gocen ya de la paz eterna al contemplar el rostro de Dios. Oremos
Padre nuestro…
ORACIÓN FINAL:
Señor, que nos has dado vivir un año más en nuestra vida y ahora nos concedes ver nacer un año nuevo, haz que, cuantos confesamos que el tiempo, la historia y la vida son dones tuyos, sepamos aprovechar este nuevo año que pones en nuestras manos para trabajar por la paz, la justicia y la fraternidad, y que sepamos llenarlo de obras de amor a nuestros hermanos, para que así todos descubran que Tú eres nuestro Padre bueno y vivan felices confiando en Ti
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

CANTO: Te doy gracias Jesús (u otro de acción de gracias, o bien un villancico).

martes, 29 de julio de 2014




 

«Mi problema es empezar a orar»

 Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda

 
No tengo nunca ganas de orar, no me apetece». «Yo quisiera orar, pero no puedo». «Siento una pereza intensa, es un sentimiento de reticencia, casi como de rebeldía. Cuando pienso que he de orar se me hace una montaña y lo voy posponiendo. Encuentro tiempo para todo, para leer el periódico, para ver la televisión, para trabajar, incluso para leer la Biblia o para hacer estudios bíblicos, pero orar se me hace cuesta arriba».

En un sentido amplio este problema es común a todo creyente. Hay un componente de lucha por la tensión entre nuestra naturaleza espiritual y el viejo hombre. La oración es uno de los principales campos de batalla en el que se desarrolla la lucha de Romanos 7:19: «El bien que quiero no lo alcanzo, y el mal que no quiero, esto hago». El maligno sabe que la oración es una de las estrategias clave del creyente, su hálito vital. No deben sorprendernos sus esfuerzos ímprobos por boicotear esta actividad. Ello explica que muchos de nosotros sintamos, con frecuencia, como una fuerza misteriosa que nos arrastra a no orar. Recordemos las realidades de Efesios 6:12: nuestra lucha tiene que ver con poderes invisibles. Hay, por tanto, en último término, una razón espiritual detrás de la dificultad para empezar a orar: el pecado, nuestra naturaleza caída. La liberación definitiva y total de estas ataduras sólo ocurrirá cuando, disfrutando de un cuerpo transfigurado, no quede ningún vestigio del estado pasado, el pecado.

Hay también causas psicológicas que nos ayudan a entender este problema. Ciertos tipos de temperamento, por ejemplo los extrovertidos, tienen una dificultad especial para ponerse a orar porque para ellos la oración supone un cambio total de atmósfera. Han de conseguir un ambiente que no les es natural: el recogimiento interior, una relación íntima, el expresar sentimientos. Todo ello hace que estas personas necesiten estímulos externos adecuados para la oración formal.

Asimismo la personalidad influye a la hora de ponerse a orar. Vemos esta dificultad más acentuada en dos situaciones:

•Personalidades perfeccionistas:

 El perfeccionista tiene una tendencia natural a posponer las cosas. Quiere hacerlo todo tan bien que le cuesta empezar. Sólo cuando ya no hay más remedio encuentra la tensión psíquica necesaria para iniciar su tarea. Espiritualmente su nivel de auto exigencia es tan alto que, para él, nunca es el momento adecuado para orar. Así lo va retrasando hasta conseguir el marco idóneo para una oración excelente, lo cual obviamente casi nunca llega. Sin embargo, cuando logra estos momentos especiales puede orar largamente e incluso le cuesta terminar!

•Personalidades depresivas:

 Estas personas tienen notables dificultades con cualquier comienzo. Al depresivo le cuesta empezarlo todo. Desde que se despierta hasta que se acuesta, su vida es un batallar continuo contra los inicios. Son como los coches de motor frío; su problema es arrancar.

A veces la dificultad para iniciar la oración tiene raíces muy profundas. Además de la tendencia a posponer ya descrita, el creyente siente algo más intenso, casi como una rebeldía inexplicable. Es una resistencia para la que no encuentra causa lógica. La persona, por lo demás viva espiritualmente, quiere orar, tiene el deseo. La palabra «profunda» nos ayuda a entender este fenómeno que está arraigado en su biografía. Se trata de una reacción contra el deber, contra cualquier tarea que él sienta como una obligación. Un repaso cuidadoso de su infancia suele mostrar una educación rígida, severa, con obligaciones constantes y niveles de expectativa muy altos por parte de los padres. Luego, en la edad adulta, se produce el efecto contrario. Necesita sentirse libre, sin obligaciones, el extremo opuesto de lo que había vivido de niño. Una forma de aliviar este problema es ayudarle a descubrir la oración como un placer y no tanto como un deber.

En ocasiones la situación se complica todavía más cuando ha habido problemas psicológicos en la relación con el padre. La rebeldía, consciente o inconsciente, contra el padre puede dificultar seriamente la fe en general y la vida de oración en particular. Esto es así porque no podemos desligar del todo los conceptos de Padre celestial y padre terrenal. En la medida en que estos creyentes maduran en su conocimiento de Dios, tales problemas se van aliviando, pero al principio de su vida cristiana pueden encontrar muchos paralelos entre la figura de su padre y la de Dios. Si la rebeldía o la frustración caracterizaron la relación con nuestros padres, será fácil desplazar parte de estos sentimientos hacia Dios. De ahí la necesidad de conocer bien el carácter de Dios mediante la formación bíblica, magisterial y espiritual.
 
¿Qué recomendaciones prácticas podemos dar para empezar a orar?

En primer lugar, nunca esperes a tener ganas o a encontrar el momento perfecto. De lo contrario, te pasarás semanas o meses sin una sola palabra de oración. La calidad de la oración no depende tanto de nosotros como de los méritos de Cristo. Con esta idea en mente, al planear tu tiempo de oración no te pongas metas altas: empieza por lo poco y lo sencillo. Es mejor orar cinco minutos cada día que una hora cada tres meses. Cuanto más altas sean las metas que te pongas, tantas más posibilidades de fracasar. Para el Señor es más importante «ser fiel en lo poco» (Mt. 25:21) que teorizar sobre grandes proyectos.
 
En segundo lugar, busca estímulos adecuados que te faciliten el comienzo de la oración. Veamos algunos ejemplos: a la persona depresiva le va a ser muy útil orar acompañado. La soledad es un enemigo de su carácter: «si alguien está conmigo no me cuesta. Desde luego, ello no siempre será posible, pero con frecuencia la compañía de un hermano puede ser de gran ayuda para ponerse a orar.
 Otra sugerencia: intenta escribir tus oraciones. Un ejercicio práctico que recomiendo porque a mí mismo me ha hecho mucho bien es el siguiente: anota dos cosas buenas que te hayan ocurrido durante el día; puede ser una conversación, una noticia, un encuentro con alguien, alguna experiencia agradable, cualquier aspecto que tú hayas vivido como una bendición y que te ha hecho bien. Luego, haz lo mismo con dos motivos de preocupación o ansiedad: un problema, una carga, un disgusto etc. Ahora estás en condiciones de ponerte a orar brevemente. Primero, dale gracias a Dios y  por las dos bendiciones del día. Después, preséntale tus preocupaciones, descargando sobre él la ansiedad que te causan: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 P. 5:7). Este ejercicio puede durar desde cinco minutos hasta todo el tiempo que tú quieras, es muy flexible. Lo importante es tener una base sobre la cual dirigirse a Dios porque ello te estimula a iniciar la oración.