lunes, 4 de marzo de 2019


LA CUARESMA Y LOS POLÍTICOS.
LAS TRES TENTACIONES DE JESÚS Y LAS TENTACIONES DE LOS POLÍTICOS

Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda



En las Lecturas de Cuaresma el Evangelio nos presenta tres tentaciones que enfrentó y superó Jesús. Eran tentaciones que querían desviarlo de su misión como Mesías al servicio del Pueblo. Y esas mismas tres tentaciones aunque las tenemos todas las personas de modo especial las enfrentan los políticos. ¿Podrán vencerlas?
1ª tentación: El provecho propio. Si eres Mesías, si eres dirigente, haz que estas piedras se conviertan en pan para saciar no el hambre del Pueblo, sino tu propia hambre. Es la tentación de usar su mesianismo en su propio provecho. No se busca en primer lugar la voluntad de Dios, el Amor y la Justicia, sino que en primer lugar se ven las necesidades personales del dirigente. Jesús multiplicó los panes, pero para el Pueblo y no para él mismo.
Y ¡Cuántos políticos usan su poder en beneficio propio! No ven las necesidades del Pueblo con hambre, sino que ellos que ya están hartos, acumulan más y más bienes, mejores y mejores salarios en dólares.
2ª tentación: El Prestigio. El tentador invita: Si eres el Mesías, tírate de lo alto del Templo. Muéstralo en obras llamativas, prodigiosas, de prestigio. Ese Mesías sería muy distinto del que nos presenta Isaías y encarna Jesús, o sea sería muy distinto del Mesías Servidor Fiel y humilde que está dispuesto a dar la vida.
Pero ¡cuántos políticos lo que buscan es la fama, el prestigio, el renombre, el aparecer en las inauguraciones de los centros de lujo o lo que buscan es que por sus buenas y desinteresadas obras les llamen bienhechores!
3ª tentación: El Poder. Satán promete: te daré la riqueza y el poder sobre las naciones, si postrándose me adoras. La respuesta de Jesús es tajante: solamente al Señor adorarás. Y en la última cena Jesús lava los pies a los discípulos y nos dice que “El no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate. El que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos los demás”. Y Jesús nos advierte:” no sean como los reyes que oprimen al Pueblo y todavía quieren que les llamen Bienhechores”.
Estas 3 tentaciones son tentaciones de todo dirigente y quizá más de los dirigentes políticos: Usar su puesto, su cargo, su influencia en primer lugar en beneficio propio, buscar la fama y el prestigio antes que el bien del Pueblo, y buscar y sacrificar todo para tener más riquezas y más poder. Y estas tentaciones ¿qué tan vigentes están hoy en Nicaragua? La Cuaresma y en especial la Semana Santa son un llamado de Jesús a convertirnos, a cambiar nuestros pasos y a no caer en la tentación. Y son también un llamado a no ser pasivos o indiferentes cuando los dirigentes sociales, religiosos o políticos caigan en esas tentaciones y opriman al Pueblo.
De caer en esas 3 tentaciones, Líbranos  Señor.

viernes, 25 de enero de 2019



SAN PABLO DE PERSEGUIDOR DE CRISTIANOS, A PERSEGUIDO

Pbro. Angel Yvan Rodríguez Pineda
   

            La  conversión de San Pablo, (Saulo de Tarso) es una de las más conmovedoras historias, dignas  de reflexión y de entusiasmarse con ella.
            Saulo era un perseguidor de los cristianos (Hechos 8,3). Pidió al sumo sacerdote para arrestar a los Cristianos y llevarlos presos a la cárcel (Hechos 9,1-2). Sin embargo, el Señor tenía otros planes para él. Al irse acercando a Damasco, la ciudad que tenía prevista para realizar sus arrestos, una luz que venía del cielo brilló de repente, a su alrededor.
(Hechos 9,4).         
     Es aquí donde Saulo tiene el primer encuentro personal con Jesús. Jesús al que tanto perseguía en los Cristianos, ahora se le presenta  y le habla (Hechos 8,5). Jesús mismo había dicho que todo lo que hagamos a cualquier persona a Él mismo se lo hacemos (Mateo 25,40). Saulo de Tarso ante el impacto quedó ciego (Hechos 9,8-9) hasta que un hermano cristiano vino e hizo que en el Nombre de Jesús recobrara la vista(Hechos 8,18).

             Qué importante lección: mientras estemos en el mundo sin Jesús todo estará en tinieblas para nosotros. Jesús es el que nos quita la venda.

                                                               .ORACIÓN DE SAN PABLO

¡ Oh glorioso San Pablo!,  Apóstol lleno de celo.
Mártir por Amor a Cristo, intercede para que obtengamos una fe profunda,
Una esperanza firme, un Amor ardiente al Señor, para que podamos decir contigo:
“No soy el que vive, sino Cristo quien vive en mi”
Ayúdanos a convertirnos en apóstoles que sirvan a la Iglesia con una conciencia pura,
Testigos de su verdad y de su belleza, en medio de la oscuridad de nuestro tiempo.
Alabamos junto contigo a Dios nuestro Padre, a Él la gloria, en la Iglesia y en
Cristo por los siglos de los siglos Amén.




lunes, 31 de diciembre de 2018


HOMILÍA DE Año NUEVO 2019

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda




         Comenzamos este primer día del año 2019 celebrando, como si de una promoción comercial se tratase, tres fiestas en una:
         La más popular, el comienzo del Año Nuevo 2019.
         La más litúrgica y antigua, Santa María Madre de Dios.
    Y, una tercera celebración que es la que más compromete nuestra conciencia: la Jornada Mundial de la Paz.
         En el comienzo de este año 2019 todos nos deseamos lo mejor. También los cristianos, en este año que se inicia pedimos la protección de Dios con una antigua fórmula que el Señor, a través de Moisés, confió a los sacerdotes para que la pronunciaran sobre el pueblo y que hemos leído en la Primera Lectura:
"Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz."
         Bellísima oración. Estas palabras no son un simple deseo o una fórmula ritual de saludo. Es Dios mismo quien ha revelado esta bendición, con la cual él mismo se dona a su pueblo. Nosotros hoy, en esta primera misa del año, pedimos "ver el rostro de Dios", queremos estar en su presencia y que Él nos conceda su gracia.
         Hoy, cuando miramos por el retrovisor el año 2018 que dejamos atrás, lo importante no es lo que ha sucedido, sino cómo lo hemos vivido, así al enfrentarnos con el 2019 que se nos echa encima lo importantes es constatar si estamos dispuestos a enfrentarnos con él con sinceridad, con coherencia humana y espiritual, con vitalidad.
         Miremos cada uno nuestras recién estrenadas agendas y miremos cada día con veneración, porque cada día no está marcado por una fecha, por un número, sino por una doble esperanza:
          Dios quiere encontrarnos cada día, nos espera cada día, espera algo de nosotros ese día, cada fecha es la fecha del re-encuentro con el Señor. Pero también los hombres, aquellos en los que resplandece el rostro de Jesús, nos esperan en la encrucijada de cada día; nos esperan y esperan mucho de nosotros, no los decepcionemos.
         Como hombres y como cristianos católicos, estamos llamados a pasar por el calendario haciendo el bien, como pasó haciendo el bien Jesús de Nazaret, pues eso espera Dios de nosotros cada día y en eso confían los hombres que nos necesitan.
         Y, ¿qué mejor comienzo de año que acompañados de María? La única que jamás defraudó ni a Dios ni a los hombres, que pasó por el mundo no sólo haciendo el bien sino comunicando a todos el Bien que lleva en sus brazos. Como niños de andar vacilante empezamos el año cogidos de la mano de María que lleva de la otra mano a Jesús Niño, para que nuestros pasos se acompañen con los pasos aún también vacilantes de Jesús.
         En este día nos dirigimos a María, con el título de Madre de Dios. Al hacerlo, reconocemos dos cosas: En primer lugar, la maternidad de María y, en segundo lugar, la divinidad de Jesús. No endiosamos a María, humanizamos a Dios. Dios se rebaja y se hace hombre, niño, en María. Es esa maternidad, es el ser la Madre de Jesús, la causa y el fundamento del culto y la devoción que los católicos profesamos a María.
         El Concilio de Éfeso, en 431, nos presentó a María como la Madre de Dios. Pues "ella dio a luz al Verbo hecho carne". A lo cual hizo eco el Concilio Vaticano II con estas palabras: "Desde los tiempos más antiguos la bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos los peligros y necesidades".
         Cuando los pastores fueron corriendo hasta el pesebre, como cuenta san Lucas, no encontraron una noble señora que ofrecía, copiados sobre algún pergamino, sus maravillosos privilegios. Hallaron a María velando a un niño dormido en un pesebre y a José. La Virgen mostraba esa doble belleza de una juvenil maternidad. Pero en derredor todo era simple. Sólo arropaba la gruta la calidez de aquel misterio del Dios-con-nosotros. Por ello, "todos se admiraban de lo que decían los pastores" y María, extrañada "conservaba estas cosas, meditándolas en su corazón".
         Así ama y actúa la Madre de Dios: conservando y meditando en su interior. Recordando cuando el hijo aún era niño, pues, por muy mayor sea el hijo, ella siempre lo verá como aquel ser indefenso que en la gozosa hora dio a luz.
         María es también nuestra madre, Madre de la Iglesia, enseñó el concilio Vaticano II. Madre de cada comunidad cristiana, Madre de nuestra familia, Madre de nuestra comunidad parroquial. Conocedora asidua de todo lo nuestro. Confidente discreta. Consejera oportuna. Consoladora, o quizás mejor, paño de lágrimas. Luz y fortaleza.
         Que la presencia de María, ilumine nuestros pasos todos los días del año que hoy felizmente hemos iniciado, para que, como auténticos testigos del amor nacido en Belén, nosotros seamos los portadores y los constructores de la paz que el mundo y la sociedad actual anhela.
Que así sea.
FELIZ Año NUEVO 2019
BENCIONES Y SALUD PARA TODOS
primera lectura: Números 6, 22 - 27
salmo responsorial: Salmo 66
segunda lectura: Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 4 - 7
evangelio: Lucas 2, 16 - 21

martes, 25 de diciembre de 2018








“No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida”.
( San León Magno)

“Les anuncio una gran alegría, hoy nos ha nacido el Salvador”. Con estas palabras del evangelio según san Lucas (2, 10-11), la solemne liturgia de esta noche quiere que también nosotros seamos partícipes del acontecimiento en el cual el Hijo de Dios, nació del seno de la Virgen María, asumió nuestra débil naturaleza, para instaurar el reino de Dios entre nosotros y poder así, salvarnos de la muerte, del pecado, de las tinieblas, misterio que será consumado con su muerte y resurrección en la pascua gloriosa. “La palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. Es el mensaje central, el núcleo y el fundamento de esta celebración navideña. En esto consiste la Navidad, en la vivencia del misterio de aquella noche, que se hace presente en su Palabra y en la Eucaristía, la “carne de Cristo desde donde se engancha nuestra salvación” (cf. Tertuliano, De resurrectione mortuorum, 8, 2).
 Al reunirnos aquí esta noche, cada uno de nosotros hacemos vida las palabras del evangelio, que hemos escuchado, pues contemplamos al recién nacido de la Virgen María, Cristo; quien está presente en el pesebre desde donde su Palabra se proclama y desde donde su Cuerpo se nos da como alimento en cada Eucaristía.
Motivado por este inconmensurable gozo, en esta noche quiero invitarles a tres cosas:
“No tengan miedo”. Es muy curioso que al mismo tiempo que el Ángel, anuncia a los pastores el alegre anuncio de la Navidad, les anima a no tener miedo. ¿Por qué les dice esto? recordemos que la teología del antiguo testamento concebía a un Dios lejano, inaccesible, imposible de ver, al punto que quien lo llegase a ver, moriría. Con la Encarnación del Hijo de Dios, las cosas cambian, Dios se hace un Dios cercano, accesible todos, más aun se hace uno como nosotros.  Por eso el Ángel anuncia: “no teman”, advirtiéndonos que de ahora en adelante ese Dios, es un Dios que podemos ver tocar, experimentar. Aprovechemos esto. Acudamos al pesebre donde Dios se ha querido hacer presente y contemplémosle. Desafortunadamente a veces nos hemos hecho una idea errónea de Dios. Entendiéndole como un Dios que condena, que castiga y que no perdona. Su justica, no es como la justicia de los hombres. Es una justicia rica en misericordia. Que no nos de miedo acercarnos a su persona, a su amor a su misericordia. Dios no es un Dios terrible, castigador, guerrero. Les animo y les invito a que se atrevan a acercarse. Hoy se nos ofrece como un recién nacido, pobre indefenso, pero resplandeciente de luz y de ternura. Si en tu corazón hay una situación que te impide acercarte, es tiempo y momento de dejarla atrás y acercarte. Vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites, desde nuestros pecados. De manera muy especial les animo para que se acerquen a la vida sacramental, como es el Sacramento de la Reconciliación  e la Eucaristía. Particularmente invito a los adolescentes y jóvenes. Tengan la confianza que este pequeño niño tiene mucho que enseñarles. Tiene mucho que decirles. No tengan miedo de escuchar el susurro de su aliento que les sugiere opciones audaces; no tengan miedo cuando en lo secreto de su conciencia este  pequeño niño, les pida arriesgar todo para seguirle a él. Dios quiso hacerse hombre para que nosotros alcancemos la divinidad.
Dejen que Jesús Niño sea la razón y el motivo de su alegría”: Dice San León Magno “Alegrémonos. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.” (Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3: PI, 54, 190-193). Muchas podrán ser quizá las razones que cada uno tiene  para no estar alegres en este día y vivirlo como un día común y ordinario, sin embargo, la sola razón de saber que Jesús ha nacido para nuestro bien, es suficiente  para vivir alegres. Hagamos un espacio en el corazón para que el ‘Pequeño Emmanuel’, el ‘Dios-con-nosotros’,  ponga su morada entre nosotros. Con la seguridad y la certeza que su presencia no será una presencia invasiva, abrumadora, pesante, sino por el contrario, será una presencia confortante, liberadora, consoladora, esperanzadora. Dejemos que su presencia nos ayude a soportar el peso y el cansancio que la vida misma trae consigo;  dejemos que su presencia nos ayude a sobrellevar la carga de trabajo, la enfermedad, la soledad, las crisis de la edad, la desilusión. Si tenemos a Dios en el corazón, nada ni nadie podrá robarnos la alegría de vivir.
“Hagan oración”. La mejor manera de celebrar Navidad, es sin duda haciendo oración, de tal forma que con esta actitud, podamos realmente darnos cuenta de lo ocurrido aquella noche santísima, y así asumamos el llamado de los humildes pastores a ser partícipes de lo acontecido y podamos adorar al recién nacido. Desafortunadamente, en muchos lugares las luces y los regalos, le restan tiempo y quietud a nuestra vida, llevándonos por otro camino que no es el de Belén. Dejémonos guiar durante estos días por la liturgia y las prácticas de piedad que nos ayudan a adorar al Señor. Hagamos oración de manera personal, en familia, en comunidad. Con el corazón en las manos y arrodillados ante la presencia del Dios niño, hagamos un momento de silencio y en esta noche santa de Navidad digámosle contemplando: “Oh Cristo, Hijo de Dios, nacido a este mundo de una Virgen, que conmocionas los reinos por el terror de tu Natividad y apremias a los reyes a la admiración: Danos tu temor, que es el principio de la sabiduría, para que podamos fructificar en él y presentarte como homenaje un fruto de paz. Tú que, para llamar a las naciones, has llegado con la rapidez de un río, viniendo a nacer en la tierra para la conversión de los pecadores, muéstranos el don de tu gracia, a fin de que, siendo desterrado todo pavor, te sigamos siempre en el casto amor de una íntima caridad. (cf. Breviario Mozárabe). Amén.
Que estas tres actitudes: “No tengan miedo”/ “Dejen que Jesús Niño sea la razón y el motivo de su alegría” / “Hagan oración”, sean para nosotros la ruta que nos permita vivir estos días de Navidad como auténticos cristianos. Tengamos la audacia de hacer frente al secularismo que de manera brutal nos seduce y nos hace perder el sentido auténtico de la Navidad. Dios pide hoy a cada uno de nosotros acoger a su Hijo, como Señor de nuestra vida y de nuestra historia. ¡Feliz Navidad¡
Señor Jesús que te hiciste en el Pesebre nuestro hermano
En la cena santa nuestro Pan:
Revive en esta nueva Navidad:
 la Alegría, la Paz del Corazón, y la solidaridad entre todos nosotros.
AMEN


jueves, 6 de diciembre de 2018



Creatividad solidaria en el Adviento


Pbro. Ángel Yvan Rodríguez P
«Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús, pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús». Lucas 5.18–19
 La necesidad es la madre de la inventiva, reza el viejo proverbio. Inventiva, por cierto, es lo que sobra en estas tierras de tantas necesidades. Las personas que viven en condiciones de pobreza, inventan mil maneras de sobrevivir con míseros ingresos; las madres, cabeza de familia, idean soluciones extraordinarias para sostener a sus hijos e hijas… y la lista continúa, y es extensa, de originalidades sobrehumanas. En el texto de hoy nos encontramos frente a un grupo de hombres que usó su inventiva para acercar a su amigo paralítico a Jesús, fuente de la vida. Es la creatividad por solidaridad; esa que tanta falta nos hace. La solidaridad no es un patrimonio exclusivo de los ricos (grandes donantes); es un valor humano que nos moviliza a tomar acciones en favor de alguien en particular o grupo de personas necesitadas. Y tanto pueden lograr los ricos (y deben hacerlo) como las demás personas sin importar su condición social o económica. Las grandes trasformaciones humanas que favorecen el desarrollo de los pueblos vienen de la mano de quienes,  con creatividad y decisión, actúan para beneficiar al prójimo, como aquel grupo que sube «a la azotea y, separando las tejas», cambian la historia de su amigo.
Para seguir pensando:
«Vamos a andar, vamos a andar, Hijos con hijos del cielo, ¡busquemos juntos la paz! Las iglesias son sepulcros si no proclaman verdad Si no cierran las heridas y si no enseñan a andar».
Oración:
 Cada año, alrededor de todo el mundo, mueren más de siete millones de niños y niñas menores de cinco años; eso equivale a la muerte de novecientos infantes por hora. Pidamos a Dios que nos dé creatividad para revertir en vida la historia de muerte de los niños y niñas de esa edad que viven en los países más pobres. Oremos para que renazca en todos nosotros la solidaridad.

lunes, 26 de noviembre de 2018


ENTRE LO SENCILLO ANDA DIOS


Pbro. Ángel Yvan Rodríguez P

«A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María». Lucas 1.26–27.

             La escena trascurre entre la mayor sencillez posible; nada extraordinario a la simple y común apariencia humana: un pueblo cualquiera de la vieja Galilea, una mujer joven (una de las tantas que vivían en Nazaret) y un noviazgo entre la joven y uno de los carpinteros del pueblo. Con este telón de fondo ocurre lo extraordinario (lo que está más allá de lo cotidiano): un ángel anuncia el nacimiento del Hijo del Altísimo
            Por cierto, todas las escenas de la Navidad son protagonizadas por gente común; ocurren en lugares periféricos sin destacada resonancia cultural o política. El Hijo del hombre no nace en los palacios del rey, ni en los alrededores del gran templo. El nacimiento de Jesús no se respalda por una sofisticada campaña publicitaria, ni por técnica alguna de esas que abundan hoy en los medios religiosos. Ni vestidos llamativos, ni lugares reconocidos, ni gente famosa. Así decidió Dios hacerse un ser humano y así desarrolló su plan de redención. Dios anda entre lo sencillo y a la gente sencilla la convierte en instrumentos de su Reino. Lección para tener en cuenta en medio de nuestros afanes de mercadeo eclesiástico y festividades adelantadas.
            Para seguir pensando:
«El niño de Belén, el joven desconocido de Nazaret, el predicador rechazado, el hombre desnudo en la cruz, él pide mi atención completa. La tarea de nuestra salvación se lleva a cabo en medio de un mundo que continúa gritando y abrumándonos con sus demandas y promesas. Pero la promesa se esconde en la rama que saldrá del tronco, una rama a la que nadie le presta atención».
Henry Nouwen
Oración:
Para que el Espíritu nos haga personas agradecidas que podamos descubrir las señales de la gracia de Dios en los sucesos más cotidianos y sencillos de esta vida.

lunes, 1 de octubre de 2018





“Sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6).






            La Iglesia enseña que la fe es la virtud (teologal), “dada por Dios”, que nos lleva a creer en Dios y en todo lo que nos dijo y reveló, y que la Santa Iglesia nos propone para creer. Por la fe, “el hombre libremente se entrega todo a Dios”. El cristiano busca conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que “el justo vivirá por la fe” (Rm 1, 17) y “sin la fe es imposible agradarle” (Heb 11,6). La fe en Dios nos lleva a volvernos a Él como nuestro origen y nuestro fin, y no preferir ni sustituirlo a Él por nada.
            La fe es como una llama que necesita de combustible para mantenerse encendida. Es como una planta que necesita de agua todo el día, sol y adobo, para crecer cada día.
            Para que la fe viva y crezca es necesario una vida de oración diaria, de intimidad con Dios, de amistad con el “divino Amigo”, compartiendo con Él todos los sufrimientos y alegrías”.
            La fe se vuelve fuerte cuando meditamos sus Palabras y obedecemos lo que Él ordena, sin miedo y sin disimulo. “Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús, que organiza esta carrera de la fe y la premia al final (Heb 12, 1-2).
            Nuestra fe se fortalece cuando lo recibimos en la Eucaristía donde Él se da en el Pan para ser “alimento y remedio” para nuestra vida. Él dijo que quien come de su Carne y bebe de su Sangre “permanece en Él”, “vivirá por Él” y será resucitado en el último día.
            La fe crece y se fortalece cuando se ama a Dios y al prójimo, pues la fe viva “actúa por la caridad” (GI 5,6). “La fe sin obras está muerta” (Tg 2,26); sin la esperanza y el amor la fe no une plenamente el cristiano a Cristo y no hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.
            La fe no es sólo algo individual, sino colectivo, es de la Iglesia. Muchos flaquean en la fe porque viven en “su” fe; pobre y débil. Tenemos que vivir en la fe “de la Iglesia”, todo lo que ella recibió de Cristo y nos enseña. Jesús le dijo a la Iglesia: “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí” (Lc 10,16). Sólo tiene fe inquebrantable aquel que cree y vive lo que enseña la Santa Iglesia, Esposa del Señor, pues ella es Su “brazo extendido en nuestra historia”. La Iglesia nunca tuvo crisis de fe.
            ¿Qué puede apagar nuestra fe? Nuestros pecados. Entonces, luchar contra los pecados es el mejor medio para mantener encendida la fe. Una vida tibia (relajamiento espiritual), mata la fe. Dar importancia a la confesión, sin demora, siempre que el pecado asalte nuestra alma. Nada de auto piedad y falso orgullo, corramos de prisa al sacerdote de aquel que derramó su Sangre para perdonarnos en cualquier momento. No permitamos que la hierba dañina del pecado mate la planta de la fe en el jardín del alma.
            Para mantener encendida la fe es necesario renovar cada día nuestra confianza en Dios, abandonar la vida en sus manos como el niño que se abandona en los brazos de la madre y no se preocupa. Vivir en la fe significa conocer la grandeza y la majestad de Dios, y entonces, vivir en acción de gracias por todo lo que somos y que recibimos de Él.
            ¿Y qué tienes que no hayas recibido? (1Cor 4,7). “¿Cómo retribuiré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (SI 116, 12).
            Vivir en la fe significa confiar en Dios en cualquier circunstancia, incluso en la adversidad. Como decía Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta. ¡Sólo Dios basta!”. “Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28).
            La fe exige también dar testimonio de Cristo. “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos”. (Mt 10, 32-33).
            Cuanto más se ejercita la fe, más crece en nosotros y se fortalece; cuanto menos la ejercitemos, más se volverá raquítica.