viernes, 21 de junio de 2019


EL CORAZÓN DE JESÚS EN NUESTRA
VENEZUELA
Pbro. Angel Yvan Rodríguez P.


            Posiblemente haya alguno que piense que reflexionar sobre el corazón de Jesús en medio de la situación de conflicto y de carestía que estamos atravesando sea algo trasnochado, obsoleto o cursi; ligado a formas de piedad pertenecientes al pasado. Lo cierto es que Venezuela en el año 1900 fue uno de los primeros dieciséis países consagrados a esta advocación.
            Corazón es una palabra primordial en nuestra cultura. La palabra nos remite a lo profundo y vital de nuestra esencia y existencia. Muchas veces nos referimos a la realidad que vivimos sosteniendo que el corazón “se nos parte”, “se hiela”, “se ensancha”, “se encoge”, o nos referimos a una persona como aquel que “no tiene corazón”. Ante la crisis que estamos atravesando, muchos no ven salida. Por esta razón reflexionar hoy en torno al corazón tiene vigencia. Es la literatura la que nos recuerda aquella ya famosa y extendida frase del capítulo veinticinco de El Principito: “Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Para muchos los ojos sólo muestran el conflicto y la violencia. Por ello la urgencia de ver con otros ojos.
            Pero todavía todo esto nos podría sonar idílico. El teólogo jesuita Karl Rahner, hace algunas décadas atrás, retomaba en consideración el culto al corazón de Jesús. En su reflexión consideraba tres aspectos fundamentales de la advocación al corazón de Jesús. Según su criterio, esta advocación nos llama a la interiorización, a una fe intensa en el amor de Dios y a la reparación de este corazón injustamente afrentado.
            Regreso al espacio interior
            Hoy es imperativo volver a nuestro espacio interior. El espacio profundamente deteriorado por el odio y la inhumanidad promovida adrede. Sólo un regreso al interior puede permitir conectar con los valores e ideales que genuina y libremente mueven nuestra vida. Nuestra vida individual y comunitaria como grupo social. No se puede ser indiferente frente a la realidad y refugiarse en el ghetto egoísta de la tranquilidad mezquina. Al referirnos a la palabra corazón siempre nos referimos a una interioridad que tiene una referencia a algo o alguien. Nuestro corazón nunca está totalmente volcado en nosotros mismos. En tal sentido, la advocación al corazón nos lleva a lo más profundo y genuino de nosotros. Aquel espacio que tenemos que salvaguardar de la inhumanidad descorazonada que pretende imponerse como el criterio total y dominante.
            Pero también es cierto que hoy a la comunidad creyente le es urgente una fe intensa en el amor de Dios. El discurso imperante ha pretendido convertirnos en unos lobos contra otros lobos. La lógica reinante nos lleva a percibir a todo aquel que nos adversa como nuestro enemigo. Que como tal debe ser reducido y eliminado. El Sagrado Corazón, desde el principio, representó la humanidad y la cercanía de Dios a lo creado y a lo humano. El eje del cristianismo consiste fundamentalmente en que “Dios nos amó con corazón humano”. Dios nos amó con y desde el corazón de Jesús. De esta forma venció el mal. Quien vive desde este amor entiende y vive según su lógica.
            Por último, hablamos de reparación.
             Una palabra extraña para nuestros oídos modernos. Pero que hoy parece más urgente que nunca en nuestra realidad tan fragmentada. Vivir desde el amor y desde el corazón no puede dejarme indiferente ante el dolor en los corazones quebrados de nuestra historia. Implica amar a los demás como somos amados por Dios. De esta forma, el corazón se transforma en el centro que nos libera de toda esclavitud y opresión.

jueves, 2 de mayo de 2019


SAN JOSE EN LOS EVANGELIOS



Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda
San José, era un hombre justo:
"José, el esposo de María, era un hombre justo" (Mateo 1,19)
Esto significa que San José era un hombre noble, bueno. Cuando se enteró de que María estaba embarazada, quiso abandonarla en los secreto, para que no sufriera así el castigo de ser lapidada hasta la muerte.
A San José, le importaba mucho María, la amaba y no quería exponerla al escarnio público o la muerte.
San José, hombre firme en la fe
En el mismo Evangelio de Mateo (1,20-25) nos dice que José era un hombre fuerte en la fe y confiado a la voluntad de Dios.
Cuando el ángel se le apareció en un sueño y le contó de quién era el hijo que estaba esperando María, San José no opuso ninguna resistencia, de inmediato recibió a María por esposa y la protegió.
Eso demuestra la fe incuestionable de San José y la confianza plena que tenía en Dios.
San José, hombre cumplidor de la ley
San José era un hombre que guardó la ley. Tuvo que hacer un largo viaje difícil de Belén con su esposa embarazada con el fin de registrar su nombre, una solicitud formulada por las autoridades gubernamentales (Lucas 2,4)
También, San José obedeció la ley de la iglesia cuando tomó a María y a Jesús y lo fueron a presentar al Templo (Lucas 2,22 - Lucas 2,41) como estaba previsto en la ley de Moisés
San José, hombre confiado
El Evangelio de Lucas (2,7) nos narra que, cuando estaban como familia haciendo su peregrinación hacia Belén, ellos no encontraron dónde alojarse, por lo que tuvieron que aceptar quedarse en un pesebre lleno de animales para ver nacer al niño Jesús.
Eso demuestra que eran personas humildes, sin amigos influyentes. Esto demuestra la total confianza de José en Dios antes de emprender este viaje.
Sin embargo, San José allí sería recompensado recibiendo a reyes y pastores que anunciaban haber visto ángeles en el cielo.
San José, hombre protector
Los retos de San José en la vida no terminaron. En el Evangelio de Mateo (2,13-14) nos dice que tuvo que llevar a su familia y huye a Egipto como refugiados, con el fin de proteger a su hijo y a María.
Más adelante (2,19-20) el ángel le pide a San José que regrese a Israel. Estas las lecturas de la Biblia muestran una confianza total de San José en la voluntad de Dios para él y su familia. Además, San José estaba siempre dispuesto a proteger a su familia.
San José, padre de presencia
Esto se demuestra en la Biblia, donde la gente de Nazaret dicen:
"¿No es éste el hijo de José?" (Lucas 4,22)
De nuevo a San José se le conoce como el padre de Jesús; un padre que era bien conocido en la ciudad, con presencia
San José era un hombre que puso toda su confianza en Dios, e hizo lo que tenía que hacer para cuidar de su familia.
¿Por qué celebramos a San José como Obrero?
La fiesta de San José Obrero fue establecida en el calendario el día primero de mayo por el Papa Pío XII en 1955 con el fin de cristianizar el concepto de trabajo y dar a todos los trabajadores un modelo y un protector.
El Papa Pío XII expresó la esperanza de que esta fiesta acentuaría la dignidad del trabajo y traería una dimensión espiritual a todos los trabajadores que incansablemente dedicaban su tiempo y esfuerzo a llevar el sustento a sus hogares.
En verdad, era realmente necesario que San José, un hombre justo y trabajador, protector, fiel, cumplidor, que además se convirtió en el padre adoptivo de Jesús y es patrono de la Iglesia universal, sea honrado en este día como el Santo Patrono de todos los trabajadores.
Oración a San José Obrero
Glorioso San José, modelo de todos los trabajadores, te ruego que me alcances la gracia de trabajar con conciencia, anteponiendo la llamada de mis deberes por encima de mis faltas.
Quiero trabajar con alegría, teniendo en cuenta que, por medio del trabajo, usaré los dones que en su bondad Dios me ha regalado, para trabajar con orden, prudencia y mucha paciencia.
Que nunca me rinda ante el cansancio o las dificultades. Que pueda soportar las cargas y responsabilidades con la fuerza la cruz.

Quiero que mi esfuerzo en el trabajo sea realizado, sobre todo, con pureza de intención y con desprendimiento, concientizándome de que la muerte me espera en algún momento y deberé rendir cuenta del tiempo perdido, de los talentos desperdiciados, de las cosas buenas que omití hacer.
Oh patriarca San José, junto con María no te olvides de presentar mis obras a Jesús y condúceme siempre para que éstas siempre le sean agradable a Él, al Padre y al Espíritu Santo.
Amén.




viernes, 15 de marzo de 2019



LA NECESIDAD DE ARREPENTIRSE
"¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!" (Mt 4,17).

Pbro. Angel Yvan Rodriguez



“El Señor ha hecho en mi favor maravillas, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón”. (Lucas 1, 50-51)
Si mirando al cielo, abandonamos la soberbia y somos capaces de decir: “Siento una gran pena por haber hecho algunas cosas malas, y por haber dejado de hacer algunas cosas buenas; no dejo se arrepentirme de todos mis pecados y mis faltas, desde las más insignificantes y por supuesto, las más grandes; hace mucho que deseo cumplir el compromiso de no hacer algo que ofenda al hombre, porque todo lo que es faltar a los hombres, también es faltar a Dios; hace tiempo que he querido cambiar, y para esto, es necesario mi arrepentimiento y de corazón, estoy muy arrepentido y siento dolor en el alma, por haber pecado”, estamos confiando en la misericordia divina, con la confianza de Jesús, que le dijo al paralitico; “Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados” (Lucas 5,20)
El hijo que regresa arrepentido, parábola del hijo prodigo; “Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti” (Lucas 15,18), es una gran ejemplo de la confianza en la misericordia del Padre. El arrepentirse requiere transformación y exige un cambio de actitud, además es una experiencia necesaria para llegar a conocer a Jesucristo, en otras palabras quien no se arrepiente, por mucho que intente conocerle, no lo podrá conocer ni podrá ir al Reino de los Cielos. Jesús dijo "¡Arrepiéntanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado.  (Mateo 4,17).
El no arrepentirse, es vivir esclavizado en la mentira, y ser esclavo es carecer de libertad, y Dios nos quiere libres y para ser libre, debemos ser consecuentes con la Palabra del Señor, que;  “decía pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad les hará libres”.  (Juan 8, 31-32). Jesús, nos otorga la gracia de liberarnos de la esclavitud del pecado, para eso debemos comenzar por el arrepentimiento, es así como Jesús respondió a los judíos: “En verdad, en verdad les digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Sí, pues, el Hijo les da la libertad, serán realmente libres”. (Juan 8, 34-36) Es así, como el arrepentimiento es el camino hacia la libertad. Es Palabra del Señor.
El amor al arrepentimiento, es el odio al pecado, este tipo de odio, es un sentimiento de rechazo y antipatía que nos podemos permitir. El arrepentimiento es el primer paso al camino con el encuentro con el Señor. El arrepentimiento es reconciliarse con Dios, es desear vivir para Dios.
Reflexionando sobre el abatimiento que produce vivir en pecado, me hace tener la convicción plena que todo el mundo necesita arrepentirse, ¿alguien se siente libre de culpas?, frente a esta pregunta que hizo el Señor, todos se retiraron y nadie fue capaz de condenar. (Cfr. Juan 8-3-10). Pero para reconocerse creyente, para ser honesto con Dios, debemos reconocernos como pecadores, y si decimos que no tenemos pecado ¿hasta qué punto estamos diciendo la verdad?. La sentencia del Evangelista San Juan, nos interpela duramente: “Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros”. (1 Juan 1, 8) Confesar nuestras faltas, es buscar la amistad de Jesús, y es querer limpiarnos de nuestras impurezas: “Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia”. (1 Juan 1, 9). Por otra parte, no se puede predicar el Evangelio y vivir distinto a él, quien lo haga, finge cualidades, ideas o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene. Lo peor, es que no estamos siendo consecuentes con su Palabra: “Si decimos: «No hemos pecado», le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros”. (1 Juan 1, 10). Es decir,  su Palabra no habita en nosotros, no conoce nuestro corazón.
Pero Jesús conoce bien los corazones arrepentidos de sus faltas. En cualquier etapa de nuestra vida que le mostremos a Jesús un corazón arrepentido, le daremos la oportunidad al Espíritu Santo para comenzar su obra, y nuestra vida comienza a cambiar.  El arrepentimiento es un cambio en la forma de pensar y ver las cosas, es un cambio en la mente y en el corazón.
Como cristianos, estamos llamados para dar testimonio de vida en nombre de Jesús. Pero nuestro testimonio debe incluir un estilo de vida que sea coherente entre lo que decimos y lo que hacemos, entre lo que predicamos y lo que practicamos, si no es así, tenemos un nombre para nosotros, el mismo que Jesús le dijo a los fariseos, “Hipócritas”.
Luego que Jesús completo su experiencia de los cuarenta días en el Desierto, Comenzó a predicar y a decir: "¡Arrepiéntanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado.  (Mateo 4,17). Es así como los Evangelios llevan implícito el arrepentimiento. Si Jesús nos pide esto, ¿Por qué nos debe avergonzar que sea necesario arrepentirnos? En efecto, si amamos los evangelios, entonces amamos arrepentirnos.
Juan Bautista, predicaba, “Den, pues, fruto digno de conversión”,  (Mateo 3,8), entonces el arrepentimiento del Evangelio verdadero, tiene que ser acompañado por sus frutos. Jesús nos dice “Por sus frutos los conocerán”. (Mateo 7,16), y así también luego nos agrega “Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.” (Mateo 7,17). En otras palabras, si confesamos creer en los Evangelios, no olvidemos que Jesús nos dice, esa misma sentencia que repetimos el miércoles de ceniza;  "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértete y cree en el Evangelio”. (Marcos 1,15) Es así, como Jesús nos predica un evangelio que invita al arrepentimiento.
Dios nos quiere arrepentidos, porque él quiere que sus hijos se salven. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.  (1 Timoteo 2, 3-4). La misericordia de Dios es asombrosa y es para todos los hombres, sin discriminación. El mismo Pedro quedo sorprendido, así lo comenta; “Por tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios? Al oír esto se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión (el arrepentimiento) que lleva a la vida.  (Hechos 11, 17-18)
Cuando el Señor nos pide el arrepentimiento, lo hace para salvarnos, para que podamos ser libres, para que glorifiquemos su nombre. El pecado tiene sus penas y el arrepentimiento sus alegrías. En efecto, el pecado es aflicción y dolor en el alma, el arrepentimiento es gozo. Pablo nos dice; “Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría. Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena. (2 Corintios 9, 7-8) y También Pablo expone a los Corintios: “Ahora me alegro. No por haberlos entristecido, sino porque aquella tristeza les movió al arrepentimiento. Pues ustedes se entristecieron según Dios, de manera que de nuestra parte no han sufrido perjuicio alguno. En efecto, la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; (2 Corintios 7, 9-10) El Beneficio fue producido por el arrepentimiento, la salvación y liberación del mal. Con todo, Dios no quiere que sintamos pena y lástima por nuestra propia desgracia.  En lugar de eso quiere bendecirnos y recompensarnos cuando le respondemos por medio del arrepentimiento, si lo hacemos seremos liberados y entraremos en el gozo de nuestra salvación.
Dios Padre nos ama, Dios Hijo nos ama, por eso nos llama al arrepentimiento. Aceptemos este llamado del Señor, él sabe que luchamos para arrepentirnos, él nos ayudara con su gracia. El arrepentimiento es una decisión de que tenemos fe en la salvación que nos trajo Jesús, de confianza en la Misericordia de Dios. ¿El Beneficio de arrepentirse?, la vida eterna, el acceso al Reino de los Cielos.


lunes, 4 de marzo de 2019


LA CUARESMA Y LOS POLÍTICOS.
LAS TRES TENTACIONES DE JESÚS Y LAS TENTACIONES DE LOS POLÍTICOS

Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda



En las Lecturas de Cuaresma el Evangelio nos presenta tres tentaciones que enfrentó y superó Jesús. Eran tentaciones que querían desviarlo de su misión como Mesías al servicio del Pueblo. Y esas mismas tres tentaciones aunque las tenemos todas las personas de modo especial las enfrentan los políticos. ¿Podrán vencerlas?
1ª tentación: El provecho propio. Si eres Mesías, si eres dirigente, haz que estas piedras se conviertan en pan para saciar no el hambre del Pueblo, sino tu propia hambre. Es la tentación de usar su mesianismo en su propio provecho. No se busca en primer lugar la voluntad de Dios, el Amor y la Justicia, sino que en primer lugar se ven las necesidades personales del dirigente. Jesús multiplicó los panes, pero para el Pueblo y no para él mismo.
Y ¡Cuántos políticos usan su poder en beneficio propio! No ven las necesidades del Pueblo con hambre, sino que ellos que ya están hartos, acumulan más y más bienes, mejores y mejores salarios en dólares.
2ª tentación: El Prestigio. El tentador invita: Si eres el Mesías, tírate de lo alto del Templo. Muéstralo en obras llamativas, prodigiosas, de prestigio. Ese Mesías sería muy distinto del que nos presenta Isaías y encarna Jesús, o sea sería muy distinto del Mesías Servidor Fiel y humilde que está dispuesto a dar la vida.
Pero ¡cuántos políticos lo que buscan es la fama, el prestigio, el renombre, el aparecer en las inauguraciones de los centros de lujo o lo que buscan es que por sus buenas y desinteresadas obras les llamen bienhechores!
3ª tentación: El Poder. Satán promete: te daré la riqueza y el poder sobre las naciones, si postrándose me adoras. La respuesta de Jesús es tajante: solamente al Señor adorarás. Y en la última cena Jesús lava los pies a los discípulos y nos dice que “El no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate. El que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos los demás”. Y Jesús nos advierte:” no sean como los reyes que oprimen al Pueblo y todavía quieren que les llamen Bienhechores”.
Estas 3 tentaciones son tentaciones de todo dirigente y quizá más de los dirigentes políticos: Usar su puesto, su cargo, su influencia en primer lugar en beneficio propio, buscar la fama y el prestigio antes que el bien del Pueblo, y buscar y sacrificar todo para tener más riquezas y más poder. Y estas tentaciones ¿qué tan vigentes están hoy en Nicaragua? La Cuaresma y en especial la Semana Santa son un llamado de Jesús a convertirnos, a cambiar nuestros pasos y a no caer en la tentación. Y son también un llamado a no ser pasivos o indiferentes cuando los dirigentes sociales, religiosos o políticos caigan en esas tentaciones y opriman al Pueblo.
De caer en esas 3 tentaciones, Líbranos  Señor.

viernes, 25 de enero de 2019



SAN PABLO DE PERSEGUIDOR DE CRISTIANOS, A PERSEGUIDO

Pbro. Angel Yvan Rodríguez Pineda
   

            La  conversión de San Pablo, (Saulo de Tarso) es una de las más conmovedoras historias, dignas  de reflexión y de entusiasmarse con ella.
            Saulo era un perseguidor de los cristianos (Hechos 8,3). Pidió al sumo sacerdote para arrestar a los Cristianos y llevarlos presos a la cárcel (Hechos 9,1-2). Sin embargo, el Señor tenía otros planes para él. Al irse acercando a Damasco, la ciudad que tenía prevista para realizar sus arrestos, una luz que venía del cielo brilló de repente, a su alrededor.
(Hechos 9,4).         
     Es aquí donde Saulo tiene el primer encuentro personal con Jesús. Jesús al que tanto perseguía en los Cristianos, ahora se le presenta  y le habla (Hechos 8,5). Jesús mismo había dicho que todo lo que hagamos a cualquier persona a Él mismo se lo hacemos (Mateo 25,40). Saulo de Tarso ante el impacto quedó ciego (Hechos 9,8-9) hasta que un hermano cristiano vino e hizo que en el Nombre de Jesús recobrara la vista(Hechos 8,18).

             Qué importante lección: mientras estemos en el mundo sin Jesús todo estará en tinieblas para nosotros. Jesús es el que nos quita la venda.

                                                               .ORACIÓN DE SAN PABLO

¡ Oh glorioso San Pablo!,  Apóstol lleno de celo.
Mártir por Amor a Cristo, intercede para que obtengamos una fe profunda,
Una esperanza firme, un Amor ardiente al Señor, para que podamos decir contigo:
“No soy el que vive, sino Cristo quien vive en mi”
Ayúdanos a convertirnos en apóstoles que sirvan a la Iglesia con una conciencia pura,
Testigos de su verdad y de su belleza, en medio de la oscuridad de nuestro tiempo.
Alabamos junto contigo a Dios nuestro Padre, a Él la gloria, en la Iglesia y en
Cristo por los siglos de los siglos Amén.




lunes, 31 de diciembre de 2018


HOMILÍA DE Año NUEVO 2019

SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

Pbro. Ángel Yvan Rodríguez Pineda




         Comenzamos este primer día del año 2019 celebrando, como si de una promoción comercial se tratase, tres fiestas en una:
         La más popular, el comienzo del Año Nuevo 2019.
         La más litúrgica y antigua, Santa María Madre de Dios.
    Y, una tercera celebración que es la que más compromete nuestra conciencia: la Jornada Mundial de la Paz.
         En el comienzo de este año 2019 todos nos deseamos lo mejor. También los cristianos, en este año que se inicia pedimos la protección de Dios con una antigua fórmula que el Señor, a través de Moisés, confió a los sacerdotes para que la pronunciaran sobre el pueblo y que hemos leído en la Primera Lectura:
"Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz."
         Bellísima oración. Estas palabras no son un simple deseo o una fórmula ritual de saludo. Es Dios mismo quien ha revelado esta bendición, con la cual él mismo se dona a su pueblo. Nosotros hoy, en esta primera misa del año, pedimos "ver el rostro de Dios", queremos estar en su presencia y que Él nos conceda su gracia.
         Hoy, cuando miramos por el retrovisor el año 2018 que dejamos atrás, lo importante no es lo que ha sucedido, sino cómo lo hemos vivido, así al enfrentarnos con el 2019 que se nos echa encima lo importantes es constatar si estamos dispuestos a enfrentarnos con él con sinceridad, con coherencia humana y espiritual, con vitalidad.
         Miremos cada uno nuestras recién estrenadas agendas y miremos cada día con veneración, porque cada día no está marcado por una fecha, por un número, sino por una doble esperanza:
          Dios quiere encontrarnos cada día, nos espera cada día, espera algo de nosotros ese día, cada fecha es la fecha del re-encuentro con el Señor. Pero también los hombres, aquellos en los que resplandece el rostro de Jesús, nos esperan en la encrucijada de cada día; nos esperan y esperan mucho de nosotros, no los decepcionemos.
         Como hombres y como cristianos católicos, estamos llamados a pasar por el calendario haciendo el bien, como pasó haciendo el bien Jesús de Nazaret, pues eso espera Dios de nosotros cada día y en eso confían los hombres que nos necesitan.
         Y, ¿qué mejor comienzo de año que acompañados de María? La única que jamás defraudó ni a Dios ni a los hombres, que pasó por el mundo no sólo haciendo el bien sino comunicando a todos el Bien que lleva en sus brazos. Como niños de andar vacilante empezamos el año cogidos de la mano de María que lleva de la otra mano a Jesús Niño, para que nuestros pasos se acompañen con los pasos aún también vacilantes de Jesús.
         En este día nos dirigimos a María, con el título de Madre de Dios. Al hacerlo, reconocemos dos cosas: En primer lugar, la maternidad de María y, en segundo lugar, la divinidad de Jesús. No endiosamos a María, humanizamos a Dios. Dios se rebaja y se hace hombre, niño, en María. Es esa maternidad, es el ser la Madre de Jesús, la causa y el fundamento del culto y la devoción que los católicos profesamos a María.
         El Concilio de Éfeso, en 431, nos presentó a María como la Madre de Dios. Pues "ella dio a luz al Verbo hecho carne". A lo cual hizo eco el Concilio Vaticano II con estas palabras: "Desde los tiempos más antiguos la bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos los peligros y necesidades".
         Cuando los pastores fueron corriendo hasta el pesebre, como cuenta san Lucas, no encontraron una noble señora que ofrecía, copiados sobre algún pergamino, sus maravillosos privilegios. Hallaron a María velando a un niño dormido en un pesebre y a José. La Virgen mostraba esa doble belleza de una juvenil maternidad. Pero en derredor todo era simple. Sólo arropaba la gruta la calidez de aquel misterio del Dios-con-nosotros. Por ello, "todos se admiraban de lo que decían los pastores" y María, extrañada "conservaba estas cosas, meditándolas en su corazón".
         Así ama y actúa la Madre de Dios: conservando y meditando en su interior. Recordando cuando el hijo aún era niño, pues, por muy mayor sea el hijo, ella siempre lo verá como aquel ser indefenso que en la gozosa hora dio a luz.
         María es también nuestra madre, Madre de la Iglesia, enseñó el concilio Vaticano II. Madre de cada comunidad cristiana, Madre de nuestra familia, Madre de nuestra comunidad parroquial. Conocedora asidua de todo lo nuestro. Confidente discreta. Consejera oportuna. Consoladora, o quizás mejor, paño de lágrimas. Luz y fortaleza.
         Que la presencia de María, ilumine nuestros pasos todos los días del año que hoy felizmente hemos iniciado, para que, como auténticos testigos del amor nacido en Belén, nosotros seamos los portadores y los constructores de la paz que el mundo y la sociedad actual anhela.
Que así sea.
FELIZ Año NUEVO 2019
BENCIONES Y SALUD PARA TODOS
primera lectura: Números 6, 22 - 27
salmo responsorial: Salmo 66
segunda lectura: Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 4 - 7
evangelio: Lucas 2, 16 - 21

martes, 25 de diciembre de 2018








“No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida”.
( San León Magno)

“Les anuncio una gran alegría, hoy nos ha nacido el Salvador”. Con estas palabras del evangelio según san Lucas (2, 10-11), la solemne liturgia de esta noche quiere que también nosotros seamos partícipes del acontecimiento en el cual el Hijo de Dios, nació del seno de la Virgen María, asumió nuestra débil naturaleza, para instaurar el reino de Dios entre nosotros y poder así, salvarnos de la muerte, del pecado, de las tinieblas, misterio que será consumado con su muerte y resurrección en la pascua gloriosa. “La palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. Es el mensaje central, el núcleo y el fundamento de esta celebración navideña. En esto consiste la Navidad, en la vivencia del misterio de aquella noche, que se hace presente en su Palabra y en la Eucaristía, la “carne de Cristo desde donde se engancha nuestra salvación” (cf. Tertuliano, De resurrectione mortuorum, 8, 2).
 Al reunirnos aquí esta noche, cada uno de nosotros hacemos vida las palabras del evangelio, que hemos escuchado, pues contemplamos al recién nacido de la Virgen María, Cristo; quien está presente en el pesebre desde donde su Palabra se proclama y desde donde su Cuerpo se nos da como alimento en cada Eucaristía.
Motivado por este inconmensurable gozo, en esta noche quiero invitarles a tres cosas:
“No tengan miedo”. Es muy curioso que al mismo tiempo que el Ángel, anuncia a los pastores el alegre anuncio de la Navidad, les anima a no tener miedo. ¿Por qué les dice esto? recordemos que la teología del antiguo testamento concebía a un Dios lejano, inaccesible, imposible de ver, al punto que quien lo llegase a ver, moriría. Con la Encarnación del Hijo de Dios, las cosas cambian, Dios se hace un Dios cercano, accesible todos, más aun se hace uno como nosotros.  Por eso el Ángel anuncia: “no teman”, advirtiéndonos que de ahora en adelante ese Dios, es un Dios que podemos ver tocar, experimentar. Aprovechemos esto. Acudamos al pesebre donde Dios se ha querido hacer presente y contemplémosle. Desafortunadamente a veces nos hemos hecho una idea errónea de Dios. Entendiéndole como un Dios que condena, que castiga y que no perdona. Su justica, no es como la justicia de los hombres. Es una justicia rica en misericordia. Que no nos de miedo acercarnos a su persona, a su amor a su misericordia. Dios no es un Dios terrible, castigador, guerrero. Les animo y les invito a que se atrevan a acercarse. Hoy se nos ofrece como un recién nacido, pobre indefenso, pero resplandeciente de luz y de ternura. Si en tu corazón hay una situación que te impide acercarte, es tiempo y momento de dejarla atrás y acercarte. Vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites, desde nuestros pecados. De manera muy especial les animo para que se acerquen a la vida sacramental, como es el Sacramento de la Reconciliación  e la Eucaristía. Particularmente invito a los adolescentes y jóvenes. Tengan la confianza que este pequeño niño tiene mucho que enseñarles. Tiene mucho que decirles. No tengan miedo de escuchar el susurro de su aliento que les sugiere opciones audaces; no tengan miedo cuando en lo secreto de su conciencia este  pequeño niño, les pida arriesgar todo para seguirle a él. Dios quiso hacerse hombre para que nosotros alcancemos la divinidad.
Dejen que Jesús Niño sea la razón y el motivo de su alegría”: Dice San León Magno “Alegrémonos. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.” (Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3: PI, 54, 190-193). Muchas podrán ser quizá las razones que cada uno tiene  para no estar alegres en este día y vivirlo como un día común y ordinario, sin embargo, la sola razón de saber que Jesús ha nacido para nuestro bien, es suficiente  para vivir alegres. Hagamos un espacio en el corazón para que el ‘Pequeño Emmanuel’, el ‘Dios-con-nosotros’,  ponga su morada entre nosotros. Con la seguridad y la certeza que su presencia no será una presencia invasiva, abrumadora, pesante, sino por el contrario, será una presencia confortante, liberadora, consoladora, esperanzadora. Dejemos que su presencia nos ayude a soportar el peso y el cansancio que la vida misma trae consigo;  dejemos que su presencia nos ayude a sobrellevar la carga de trabajo, la enfermedad, la soledad, las crisis de la edad, la desilusión. Si tenemos a Dios en el corazón, nada ni nadie podrá robarnos la alegría de vivir.
“Hagan oración”. La mejor manera de celebrar Navidad, es sin duda haciendo oración, de tal forma que con esta actitud, podamos realmente darnos cuenta de lo ocurrido aquella noche santísima, y así asumamos el llamado de los humildes pastores a ser partícipes de lo acontecido y podamos adorar al recién nacido. Desafortunadamente, en muchos lugares las luces y los regalos, le restan tiempo y quietud a nuestra vida, llevándonos por otro camino que no es el de Belén. Dejémonos guiar durante estos días por la liturgia y las prácticas de piedad que nos ayudan a adorar al Señor. Hagamos oración de manera personal, en familia, en comunidad. Con el corazón en las manos y arrodillados ante la presencia del Dios niño, hagamos un momento de silencio y en esta noche santa de Navidad digámosle contemplando: “Oh Cristo, Hijo de Dios, nacido a este mundo de una Virgen, que conmocionas los reinos por el terror de tu Natividad y apremias a los reyes a la admiración: Danos tu temor, que es el principio de la sabiduría, para que podamos fructificar en él y presentarte como homenaje un fruto de paz. Tú que, para llamar a las naciones, has llegado con la rapidez de un río, viniendo a nacer en la tierra para la conversión de los pecadores, muéstranos el don de tu gracia, a fin de que, siendo desterrado todo pavor, te sigamos siempre en el casto amor de una íntima caridad. (cf. Breviario Mozárabe). Amén.
Que estas tres actitudes: “No tengan miedo”/ “Dejen que Jesús Niño sea la razón y el motivo de su alegría” / “Hagan oración”, sean para nosotros la ruta que nos permita vivir estos días de Navidad como auténticos cristianos. Tengamos la audacia de hacer frente al secularismo que de manera brutal nos seduce y nos hace perder el sentido auténtico de la Navidad. Dios pide hoy a cada uno de nosotros acoger a su Hijo, como Señor de nuestra vida y de nuestra historia. ¡Feliz Navidad¡
Señor Jesús que te hiciste en el Pesebre nuestro hermano
En la cena santa nuestro Pan:
Revive en esta nueva Navidad:
 la Alegría, la Paz del Corazón, y la solidaridad entre todos nosotros.
AMEN