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miércoles, 26 de octubre de 2016

Lo que la biblia nos habla de la virgen María

P. Angel Yvan Rodriguez Pineda


El evangelio de San Lucas ha sido llamado como el “evangelio de María”, porque según el mismo autor ha investigado la vida de Jesucristo “todas las cosas desde su origen” (1,3), y la única persona que estuvo desde el principio de la vida terrenal del Santo de Dios fue su Madre.
Las cinco veces en que Nuestra Señora habla en los evangelios, son:
“María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón” (Lucas 1,34).
“María dijo: He aquí la esclava del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1,38).
“María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; santo es su nombre.
Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.
Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.
Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia.
De la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.” (Lucas 1,46-55).
 “Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” (Lucas 2,48).
“Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino…Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (Juan 2,3.5) 
En la oración del Magnificat se evidencia en María su amplio conocimiento en la Biblia, pues se calcula que hizo más de veinte referencia del Antiguo Testamento.  

Los siete dolores, llamados también siete eventos de su vida o las siete espadas que le atraviesan su inmaculado corazón, son:
a.   La profecía de Simeón en el Templo de Dios (Lucas 2,34-35).
b.   La huida de la Sagrada Familia a Egipto (Mateo 2,13).
c.   La pérdida del joven Jesús durante tres días en el Santuario de Jerusalén (Lucas 2,46).
d.   El camino de Cristo al Calvario (Juan 19,17).
e.   La crucifixión de su amado Hijo (Juan 19,18).
f.    La bajada de la cruz (Lucas 23, 50-53).
g.   La sepultura del Señor (Mateo 27,59-60). 
 ¿ES VERDAD QUE LOS CATOLICOS ADORAMOS A MARIA?
INTRODUCCION: ¡Cuántas veces no hemos escuchado a los evangélicos y demás cristianos  acusar a los católicos de   adorar a María como si fuera una  “Diosa”!.  Desobedeciendo así el primer mandamiento de la ley de Dios dado a Moisés en el monte  Sinaí,  que dice: “No tendrás otros Dioses a parte de mí”  (Éxodo 20, 3).
1. QUE ENSEÑA LA IGLESIA CATOLICA.
Existen tres clases de culto sagrado:
ADORACION (LATRIA): Es exclusividad de Dios:
-      “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Deuteronomio 6,4).
-      “Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto” (Mateo 4,10).
VENERACION ESPECIAL (HIPERDULIA): Se le da a la Virgen María:
-      “El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo: -¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo” (Lucas 1,28).
-      “- ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!” (Lucas 1,42).
-      “Porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava, y desde ahora siempre me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1,48).
VENERACION (DULIA): A los Santos(as).
-      “Al hombre bueno se le recuerda con bendiciones” (Proverbios 10,7).
-      “El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2,17).
2. QUE RELACION EXISTE ENTRE MARIA Y LAS TRES PERSONAS DE LA TRINIDAD.
María es la única criatura humana que tiene una estrecha unión con las tres personas de la Trinidad (Lucas 1,30-35). Ella es:
-      Hija de Dios Padre
-      Esposa de Dios Espíritu Santo
-      Madre de Dios Hijo.
3. QUE CUALIDADES MENCIONA LA BIBLIA DE MARIA.
-      La humildad, al contestar al celestial mensajero, la voluntad del Dios Altísimo: “Entonces María dijo: -Yo soy la esclava del Señor; hágase en mí según su palabra” (Lucas 1,38).
-      El privilegio de haber sido la mujer escogida para llevar en su seno al Unigénito de Dios: “Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas” (Lucas 1,49). De hecho, la primera persona en reconocer tan gran designo fue su prima Santa Isabel, cuando proclama llena del Espíritu Santo: “¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se movió de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!” (Lucas 1,43-45).
-      El haber guardado en su corazón durante treinta y tres años, la fatídica profecía que el anciano Simeón predijo, cuando su pequeño Hijo fue presentado por sus padres en el templo de Jerusalén: “Entonces Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús: - Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan o se levanten. El será una señal que muchos rechazarán, a fin que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma” (Lucas 2,34-35). Presagio que se cumplió en el santo sacrificio en el monte Calvario, cuando “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre” (Juan 19, 25).

-      La obediencia a Jesucristo, cuando en las bodas de Caná, les dice a los que están sirviendo el vino: “- Hagan todo lo que él les diga” (Juan 2,5).

sábado, 16 de julio de 2016

DEVOCION A LA VIRGEN DEL CARMEN




Ntra. Sra. del Carmen La veneración a la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora del Monte Carmelo, más conocida como la Virgen del Carmen y cuya festividad se celebra cada 16 de julio, es una de las devociones más extendida en los fieles católicos del mundo entero quienes profesan con singular cariño a la Madre del Salvador bajo el título de esta advocación mariana.
 Significado de la palabra Carmelo
Carmelo es una palabra de origen hebreo que significa “jardín” o “viña de Dios”. Por lo tanto la Santísima Virgen es el jardín en que florece su amor maternal, y en donde cada pétalo es aroma de su profunda santidad, la cual nos perfuma y nos conduce hacia Dios fuente de vida y salvación.
 Historia de la devoción
La historia de la devoción nace conjuntamente con la fundación de la Orden Carmelita en Tierra Santa a finales del siglo XII, cuando un grupo de peregrinos se establecen en Palestina específicamente en el Monte Carmelo con la finalidad de estar en la tierra donde vivió el Redentor del mundo para seguir sus pasos, y vivir “en obsequio de Jesucristo”.
Aquellos eremitas quienes vivían junto a la fuente del profeta Elías, construyeron sus celdas y en medio de dichas celdas una capilla dedicada a la santísima Virgen a quienes llamaban la “Patrona y Señora del lugar”, demostrando con esto su amor a Ella y al mismo tiempo invocando su auxilio y comprometiéndose a ser fieles a su servicio. Por tales motivos aquellos ermitaños recibieron el título de “Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”.
Este grupo decidieron dar carácter legal a su forma de vida y recurrieron a San Alberto Patriarca de Jerusalén entre los años 1206 y 1214 con la finalidad que les redactara una fórmula de vida, el cual este santo patriarca elaboró y entregó a estos eremitas naciendo de esta manera la Orden del Carmen o Carmelita, orden religiosa que tiene su presencia en muchos países del mundo. Esta regla posteriormente tuvo su aprobación por los Papas Honorio III en 1226 y por Gregorio IX en 1229.
Con el paso de los años (se cree que fue en 1238 cuando comenzó el éxodo) los carmelitas tuvieron que trasladarse al continente europeo debido a las guerras que se suscitaban en Palestina, adaptándose por motivos de supervivencia a la realidad de Europa. Por tales motivos, acudieron al Papa Inocencio IV para que adaptara aquella fórmula de vida redactada por el Patriarca San Alberto de acuerdo a las exigencias del lugar. Aquel Sumo Pontífice la adaptó y la convirtió en regla definitiva para la Orden del Carmen el 01 de octubre de 1247 prevaleciendo hasta en la actualidad.
 El Escapulario
escapulario carmelita-Durante el año 1251 la Orden Carmelita estaba pasando por momentos de grandes dificultades y San Simón Stock, Superior General de la Orden en ese tiempo, acudió a María Santísima implorando su ayuda y de acuerdo a una antigua tradición la Reina del cielo entregó el Santo Escapulario el 16 de julio de ese año, como señal de protección y como parte del hábito que debe llevar todo carmelita y todo aquello que profese su amor la Madre de Dios bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen.
El Escapulario es la “prenda del cielo” como señala una canción carmelita: “Viva María, viva el Carmelo, viva el Escapulario prenda del cielo”; debido que la entregó la misma Madre del Redentor para todos sus hijos, por lo tanto es el signo de su maternal protección, es el instrumento de consagración y unión para con Ella de toda la familia carmelita: sacerdotes, monjas, frailes, religiosas, cofrades y todo fiel laico, y es también el signo de identificación como católico que debe ser fiel al Señor en todo momento aún en las contrariedades de la vida.
 Promesas a quienes lleven el Santo Escapulario
La Santísima Virgen hizo dos promesas a quienes usen el santo escapulario: la primera quien se la hizo a San Simón Stock es “quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno", y la segunda según la tradición se la hizo al futuro Papa Juan XXII   refiere el librar del purgatorio y llevar al cielo el sábado después de la muerte a quienes hubiese llevado el escapulario.
Estas dos promesas no deben entenderse que el escapulario de María es un instrumento mágico que nos va a llevar al cielo en la hora de nuestra muerte sin poner de nuestra parte mientras estemos en el mundo terrenal. El usar el escapulario es signo de compromiso de vivir acorde al Evangelio, ser fiel a la voluntad del Señor, cumplir los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Por lo tanto el consagrarnos a María por medio del escapulario significa que se debe vivir la fe católica y practicar los valores cristianos en cada instante de nuestra existencia.
Devoción a la Virgen del Carmen en Venezuela
La devoción a la Santísima Virgen María del Monte Carmelo está muy extendida en los corazones de los fieles creyentes en muchos países del mundo, y en Venezuela se tiene conocimiento que en el año 1620 existía en la ciudad de Cumaná un pequeño templo y un hospital bajo el nombre de Nuestra Señora del Carmen, por lo que es una devoción que se propagó desde dicha ciudad y por eso está muy arraigada en nuestro país.
Por tales motivos son muchos las calles, urbanizaciones y barrios en Venezuela que tienen una imagen de la Virgen del Carmen y tienen el nombre de Ella, son innumerables los hogares que tienen en sus entradas o en el interior de las mismas un cuadro o imagen de la Santísima Virgen bajo este título mariano, son muchos los templos y capillas dedicadas en honor a esta advocación, además de muchas mujeres llamarse Carmen y de innumerables hombres y mujeres que usan el escapulario. Es admirable como cada 16 de julio los templos dedicados ala Santísima Virgen del Carmen, están repletas de fieles que acuden a demostrar su amor y veneración.
Que la devoción a la Santísima Virgen del Carmen Nuestra Madre, nos haga ser fieles a Dios viviendo el Evangelio de Cristo, ser practicante de las virtudes cristianas, ser amante de la Palabra del Señor y de los Sacramentos que nos da su gracia salvadora. Que la flor del Carmelo nos proteja y con su amor maternal nos lleve a Dios.

Pbro. Ramón Reinaldo Bravo

lunes, 7 de mayo de 2012

Miremos al interno del Corazón de María




           
MIREMOS AL INTERNO DEL CORAZÓN DE MARÍA

Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda






En treinta años de vecindad de María en Nazaret, ni un gesto de María que indicara a los vecinos su verdadero rango, su fenomenal categoría de Madre de Dios, de Reina del cielo y del mundo. La humildad de María.
            Esa absoluta carencia de orgullo, de vanidad, de la más mínima intención de aparentar, de ser estimada de los demás, es algo que no podemos comprender en una mujer…ni en un hombre.
            Todos somos tan innata, y estúpidamente vanidosos, que la mitad de nuestras actitudes todas se reducen a aparentar que somos más de lo que somos. Nos pasamos la vida tratando de aparentar que somos más importantes, indispensables, que nadie nos puede sustituir. ¡Vanidad de vanidades!
            María de Nazaret. María Madre de Dios, con sus vestidos no mejores que la de las demás; con sus gestos sencillos, mucho más sencillos que los de los demás del pueblo. María que, en treinta años, no ha tenido un solo gesto para demostrar “que Ella  es más que las demás”.  Podríamos imaginarnos: ¡Cuántas veces la Virgen se dejó superar por sus vecinas en todo lo que era vestidos, estilo de casa, muebles! Cuando en la tertulia, las vecinas alardeaban de que conocían y trataban con gente rica y prestigiosa de Jerusalén, María escuchaba tranquila sin tratar de aparentar o vanagloriarse  de lo que ella podía conocer.
            María nunca dijo a sus vecinas que se le había aparecido el ángel del cielo. Tampoco le dijo a ninguna íntima “en secreto” que Ella era madre siendo Virgen.
            Cuando el ángel le reveló que era escogida por el Altísimo entre todas las mujeres, no se le ocurrió marchar a Cafarnaúm a verse con la modista. No quiso “venir a más”. Sabía que era Señora de los cielos y la tierra, pero no le importaba que las vecinas la sorprendieran fregando con el delantal viejo, ni que la viera el pueblo entero llevando el balde de la basura hasta el barranco. Nunca aprendió María a distinguir bien cuáles son esas cosas que no pueden hacer las señoras, esas cosas que sólo pueden hacer las sirvientas.
            María no lo aprendió nunca porque, el día en que Dios hizo la Señora, Ella dijo que era la sirvienta del Señor.
            Después de ser Madre de Dios, María sigue remendando y poniéndose el mismo vestido, empuñando la misma escoba, fregando las mismas ollas, yendo al mismo lavadero a lavar la ropa, hablando y sonriendo a las mismas personas de antes.
            La Madre de Dios sigue disfrazada de aldeana, de pueblerina de Nazaret para que aprendamos nosotros, los comediantes que siempre nos disfrazamos de más en la vida. Nosotros los eternos payasos, con nuestras máscaras y nuestros gestos honorables.
            El caminar de María fue un caminar constante por una calle oscura. Ella no salió a pasear a la calle mayor del mundo. Esa difícil renuncia a ser admirada, estimada o envidiada. Ella iba derecha a su maravilloso destino por la calle oscura. No salió a la calle mayor ni para hacer propaganda del cristianismo. No era su misión. Sólo un día fue detrás de Cristo por la calle mayor. Pero ese día la calle mayor era la calle de la amargura.
            Nosotros disimulamos nuestros defectos. María disimula sus grandezas. María, durante treinta años, tratando de ocultar que es Madre de Dios y Reina de los cielos y la tierra. María, con el vestido usado de los días de labor. La mujer del carpintero. Simplemente una vecina más de Nazaret. ¡Qué gran modelo de la humildad encarnada!
           
            

miércoles, 2 de mayo de 2012

María: Respuesta Perfecta al Amor de Dios





MARÍA: RESPUESTA PERFECTA AL AMOR DE DIOS

Pbro. Angel Yván Rodríguez Pineda








            A la luz de la Anunciación, se pueden ir recorriendo los demás misterios de María, pasando por la cruz, hasta la resurrección, la Iglesia, la Asunción. En ellos se describe el itinerario que Dios ha hecho recorrer a una persona a la que ha comunicado su vida.
            María es  una simple criatura, a la que se le ha comunicado el conocimiento de Dios; y a partir de eso no cesa de avanzar y buscar en eso nuevas etapas. Como el salmista, puede también ella decir: ¡Descúbreme tus caminos! O como la esposa de los Cantares (2,16 a 3,5): ¡Vuelve! El amado se ha entregado a ella, pero ella no le guarda de otro modo que siguiéndole buscando: es de noche, está sola, le busca; recorre las calles y las plazas y no le encuentra.  Los místicos, entre ellos San Juan de la Cruz, han descrito, sirviéndose de estas imágenes, este incesante caminar de la Bienaventurada Virgen María.
            La vida en Nazaret, es la vida en el quehacer cotidiano, es lo humano, lo natural, donde debe buscarse a Dios en primer lugar. Nada trasparenta el misterio que encierra. Esta es la vida de la Iglesia en humildad, no como se manifiesta a través de los apóstoles (vida pública), sino como vive su existencia diaria a través de los creyentes. Simplemente existe. El Espíritu late en ella en esta forma escondida. Algo se desprende de ella que nos transforma, sin que nada se note. Es la cualidad descrita en la carta a los Hebreos capítulo once, que hemos recibido con la existencia y vivimos en la fe. (Heb.11).
            Este vivir cotidiano no es rutinario, porque se vive en presencia del Padre y en el Espíritu Santo. Algo se va realizando secretamente bajo la acción de la Palabra que es “como lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que el día comience a clarear” (2 P 1,19). Es el tiempo de la espera. Es un caminar en la noche bajo la luz de la fe. Es la presencia continua de lo que verdaderamente es. Abre tus ojos. Esta ley “no está más allá de tus posibilidades ni fuera de tu alcance…., está muy cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que las pongas en práctica” (Dt 30,11-14).
            La virginidad es el clima en que María vive su propio misterio. No por ignorancia o por temor a la naturaleza del hombre y la mujer. Sí así fuese ¿qué sentido tendría su matrimonio con José? Lo que aquí hubo fue una decisión libre de su corazón, según la palabra de Cristo (Mt 19,10-11), consecuencia de la presencia del Reino de los cielos.
            La virginidad que vive María es signo de que ya se ha cumplido el Reino de los cielos. Como si en ella el amor que hay en el corazón de toda persona tendiese no sólo a personalizarse, sino a universalizarse. En Cristo Jesús, dice San Pablo, ya no hay varón ni mujer, ni judío, ni griego, ni esclavo, ni libre (Col 3,11. Gal 3. 28). Lo que equivale a decir: en Cristo ya no hay más que seres libres, que consienten en el amor  que mutuamente se otorgan. La humanidad –hombre y mujer a la vez- ha llegado a la plenitud de su madurez.
            Todo verdadero amor tiende a virginizarse  (Teilhard). Lo importante en esta materia no es tanto la realidad carnal como la tensión del corazón que se dirige a Dios y deja que en él se desarrolle todo amor. “Solo aquella alma es verdaderamente casta, cuando  se dirige hacia Dios incesantemente” (San Basilio).
            Que el Sí incondicional de la Virgen María a los planes de Dios, sea nuestro mejor modelo a seguir en la extensión de los valores del reinado de Dios en nuestros campos apostólicos que nos tocan vivir.

           
            

miércoles, 7 de diciembre de 2011

MARÍA MODELO DE CREYENTES




MARÍA MODELO DE CREYENTES

Pbro. Ángel Yván Rodríguez Pineda



¿Qué lugar ocupa María en la historia de la Salvación?  Por supuesto, un lugar central, ya que está siempre al lado de Cristo, nuestro centro. Y ocupa este lugar particular también en la Iglesia. La Biblia no nos habla mucho de María y, sin embargo, vista a la luz de la Sagrada Escritura su imagen resalta de manera especial.

Cuando contemplamos la imagen de la Virgen a la luz de los rasgos sentimentales de una religiosidad barroca, la figura de la Madre sale empobrecida. En la personalidad de María existen rasgos fundamentales y sobresalientes, como la fe y el amor. Es la fe íntegra la que introduce a María en el plan salvífico de Dios, mucho más allá de cualquier proyecto humano. Ella escucha creyente la Palabra de Dios. Su fe profunda se explica al comprender que María pertenece al pequeño resto de “los pobres de Yahvé”. Ellos, y María en primer lugar, se caracterizan por la humildad y la pobreza radical, por la confianza absoluta en Yahvé, por la esperanza a toda prueba del cumplimiento de la promesa; están siempre en total disponibilidad para aceptar el plan salvador de Dios.

María es la Mujer de la Fe. Sin fe no hubiera pasado a la historia. Por su fe es llamada “dichosa” en el Evangelio. “Dichosa  tú porque has creído”. María por tu fe, “todas las generaciones te llamarán bienaventurada”. La fe no vale sólo para salvarse; vale también para formar la personalidad; vale para vivir mejor la fraternidad; vale para ser feliz. María por su fe, aceptó la Palabra que el Señor le dirigía. Por esta misma fe asumió la función que el Señor le encomendó en el plan de salvación: ser la Madre de Dios. Aunque no entiende todo, María pronuncia el “Así sea”.

Y es que se cree fundamentalmente con el corazón, mucho más que por la lógica de las razones. María se convierte en  modelo de creyentes. El valor y la grandeza de María no le vienen de ninguna cualidad humana. María es grande porque está cerca de Dios. Ella ha dejado que Dios sea el Señor. Ha respetado su presencia. Ha recogido hasta el fondo su palabra. María no está sola. María es una mujer de conquista. Es una mujer “con Dios”, de ahí su grandeza. Vive muy cerca el misterio transformante. Ha recibido el don de Dios. Ha creído. Se apoya en esa fe. Por esa fe su vida será distinta. Su vida será una expresión de la obra de Dios. Su vida será un servicio que consiste en dejar que Cristo venga y sea llevado hacia los hombres. La fe la convierte en Madre. En Madre de Dios.




María acepta su papel en el plan salvador de Dios. Se incorpora plenamente a ese plan. Sabe que hay que pagar un precio muy alto. El precio de la Redención: el anonadamiento, el dolor y la muerte. María asume la función de Madre de Dios. Asume, también, todas las condiciones de ser madre. Se entrega desinteresadamente. No exige ni espera nada a cambio.

María es la Madre del Amor. Su amor es sacrificado y doloroso. Acompaña a su Hijo hasta la Cruz. Nos lo ofrece como oblación y cono víctima para nuestra salvación. Nos lo ofrece como Redentor. Nos lo entrega para que Él, Cordero de Dios, lave nuestros pecados. María, Madre de Dios, es modelo de amor cristiano para todos los creyentes. La redención no puede hacerse sin muerte, sin donación, sin entrega, sin víctima. La caridad (amor) consiste en dar la vida por los hermanos. Y así lo hizo María, como Jesús.

María cumplió su misión. La Madre de Dios y Madre nuestra es modelo de fe y de amor para nosotros. Su acción protectora sigue creciendo con la Revelación de su Hijo hasta consagrarlo, consagrándose para la Iglesia, en la Cruz.

 El ser hijos de Dios es, pues, un don para utilizar a favor de los hombres, según el plan universal de Dios. María, nos impulsa y nos ayuda a llegar a la meta.

miércoles, 31 de agosto de 2011

EL APOSTOLADO DE MARÍA: LA EVANGELIZACIÓN




EL APOSTOLADO DE MARÍA: LA EVANGELIZACIÓN

Pbro. Angel Yván Rodríguez Pineda




            El tercer evangelista nos dice reiteradamente que “María guardaba todas estas palabras meditándolas en su corazón”. Pero esas palabras no las guarda eternamente allí para ella sola. María fue sembradora de la divina palabra. No permaneció callada y silenciosa. Su apostolado consistió también en sembrar la semilla del Evangelio. Hay una página del libro sagrado que se conocen  con el nombre del “Evangelio de la infancia” y que otros dan el nombre de “Evangelio de María”, que antes de ser escritas fue semilla guardada en el limpio granero del corazón de María.
            Fue ella quien sacó esa semilla de su virginal granero para sembrarlo en los apóstoles y en los cristianos de la primitiva comunidad de palestina, almas abundantes regadas por la gracia de Cristo. De los apóstoles y de la comunidad pasó a las páginas de los evangelios. Cada vez que se lee o explica el “Evangelio de la infancia”, María sigue sembrando la semilla evangélica, sigue realizando el apostolado de la palabra.
            Pero la acción apostólica de la Virgen María no puede reducirse sólo al “Evangelio de la infancia” con ser este muy importante. La Virgen María, además del apostolado de la palabra, realiza el apostolado del ejemplo o del testimonio y el apostolado de la oración. La acción apostólica la continúa María siempre que reflexionamos en su vida y seguimos sus ejemplos. Siempre ella ruega por la Iglesia y por sus hijos.
            María, la Madre del Señor, es la discípula perfecta de Jesús y por eso su vida se convierte para nosotros en modelo de vida cristiana. Modelo de fe, porque vivió en la fe y creyó que para Dios nada es imposible. Modelo de amor porque vivió en medio del pueblo y se solidarizó con su dolor. Porque tuvo hambre y sed de justicia. María fue la discípula perfecta de Jesús, porque fue mujer fuerte que conoció en carne propia la pobreza, el sufrimiento, el trabajo, la persecución y el destierro. Porque muchas cosas, como nos pasa a nosotros, no las entendió. Pero las guardó en su corazón y poco a poco en el correr de su vida fue descubriendo lo que Dios quería de ella. Por ser Madre y discípula perfecta de Jesús, es madre nuestra en el orden de la gracia (LG 61); y nuestro modelo en el seguimiento de Jesús.
            María, Madre de Dios ha sido y será la luz de la evangelización de nuestros pueblos: María es, según Evangelii nunciandi (81) “estrella de la evangelización siempre renovada”.
            El documento de Puebla (282) señala con claridad y firmeza, que: “en nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado, presentado a la Virgen como su realización más alta. Desde los orígenes en su aparición y advocación de Guadalupe, María constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos invita a entrar en comunión”. Y en la práctica se confirma su presencia y su acción, tanto, que es maravilloso notar cómo la piedad mariana con frecuencia fue el vínculo de unión entre cristianos que carecían de asistencia cristiana.
            La Virgen María, como modelo en nuestra espiritualidad tiene un carisma propio. Lo cual obedece al lugar único de María en el acontecimiento de Cristo: “Ella es el punto de enlace del cielo con la tierra. Sin María, el evangelio se desencarna, se desfigura y se transforma en ideología, en un racionalismo espiritualista” (DP 301). Entonces el imperativo evangelizador señala con naturalidad a esta función mariana: “Esa Iglesia, que con nueva lucidez y decisión quiere evangelizar en lo hondo, en la raíz, en la cultura del pueblo, se vuelve a María para que el evangelio se haga más carne, más corazón de América Latina” (DP 303)